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View Full Version : Entrevista al Indio Solari


salamedesoja
19-10-2005, 14:34
Entrevista con Carlos Indio Solari, ex cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota



"Ando con mil proyectos. Pero estoy tratando de no moverme más rápido que mi alma. Tengo 56 pirulos. La edad hace que ya no tenga el vértigo de antes." Son los primeros diez minutos de una entrevista que, entre digresiones, divagues y comentarios domésticos, duró exactamente cuatro horas. Como en los viejos tiempos de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, las entrevistas son escasas pero en condiciones ideales. Y en circunstancias precisas: en este caso, la promoción de los primeros shows en vivo como solista el 12 y 13 de noviembre en el Estadio Unico de La Plata. "Son dos fechas, un montón de gente. No sé cuántos irán."



¿Tenés dudas?

No. El disco se vendió muy bien. Yo me planteé qué buscaría la gente en un concierto mío. El material del disco solista, por supuesto, pero creo que básicamente quieren volver a escuchar las canciones de los Redondos cantadas por mí. Y con los mismos arreglos con los que fueron grabados. Va a sonar muy power, porque la banda es muy power (Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Aramberri en batería, Pablo Sbaraglia en teclados y samples). Y van a ser temas emblemáticos: Susanita, El pibe de los astilleros, El héroe del whisky más, Fuegos de octubre, Doctor Saturno, Juguetes perdidos, por supuesto Ji, ji, ji. Quiero que la gente la pase bien.

Cada rato repite eso de "tengo 56 pirulos". El paso del tiempo, parece, lo obsesiona. También su imagen pública. Critica duramente una biografía reciente y hace poco probó escribir Indio Solari en el buscador Google. "Me asombró lo que cree la gente de mí. Y lo del libro es un disparate total. Cualquiera cuenta cualquier cosa. Ese libro es la historia de los Redondos contada por cualquiera, y por Poli y Skay; eso le pasó a ellos. Yo nunca fui un hippie bucólico, no tengo nada que ver con La Cofradía, difícilmente encuentres mostacilla y sahumerio en mi vida. Siempre fui urbano, se nota en las letras."



¿Por qué creés, entonces, que tu figura genera esos malentendidos?

Mirá, a la gente le cuesta entender que uno cambia permanente mente. Uno a veces posee cosas que no poseía, los amigos te abandonan o te engañan, vos cometés las mismas tropelías que ellos, uno cambia de quimeras, tiene otras. Entonces cuando vos no describís públicamente tu vida, la describe otro. Y queda un monstruo construido del cual no me puedo hacer cargo. Es incómodo para mí, pero ya me rendí al respecto.



Cuando hablás de cambio de quimeras, ¿de qué hablás?

Yo abandoné la bohemia hace unos años. Me resultaba repetido el desfile de personajes y el gasto físico y de salud era muy grande para lo que estaba recibiendo a nivel emotivo. Ahora tengo más tiempo para melonear y te puedo decir que lo que realmente me importa es hacer canciones, dibujar, escribir, pintar. Zozobraron los sueños colectivos, a partir de los '80 vino esa cosa del individualismo. Por supuesto que me gustaría que existiese otro diseño de vida. A mí me gustaría vivir de otra manera, me resisto a la bestialidad y la brutalidad que la pobreza extrema lleva a una sociedad. Y son años y años de una economía de ultra pobreza. Pero esto es así. Soy un tipo normal, no sé, veo televisión como cualquiera. Lo único que me tomo muy en serio es mi obra. Tengo una mujer y un hijo al que quiero ver crecer. Trato en lo posible de espiarlo yo a él y que él no me espíe a mí. Bruno no sabe nada... sólo que el papá canta porque, bueno, alguna revista llega, y los vecinos y los padres de sus compañeritos hablan. Nada más.


Hace un rato decías que, para tus shows de noviembre, pensabas en qué querría la gente. ¿Sabés que en los conciertos de Skay cantan eso de "sólo te pido que se vuelvan a juntar"?

Sí. A mí me encantaría que nos juntáramos. Yo haría el esfuerzo.



¿Seguís sin hablar con Skay?

Hablamos últimamente porque tenemos que vernos, más que nada por intereses en común, cosas que quedaron, cosas que podrían hacerse con material grabado, videos grabados de los conciertos de Racing y de River.



¿Por qué se separaron finalmente Los Redondos?

Son problemas que hemos tenido en la intimidad. Bastante duró la joda. Digo: fueron casi treinta años. Cada uno tiene la personalidad que tiene. Sé que soy medio nazi y exigente con un montón de cosas, que no relego mis voluntades y mis caprichos con facilidad. Qué sé yo, todos tenemos defectos. Y al querer ser honestos con nuestros sentimientos, el proyecto del cual pendían miles de personas se diluyó en la nada. A mí eso no me gustó. Yo prefiero —por más que cada uno esté entusiasmado con proyectos personales— tratar de hacer una despedida mejor. A mí me quedó un sabor agrio. Cuando miro para atrás, a veces está nublado.



¿De qué más hablaste con Skay?

No, eso. Nos mandamos cariños, esas cosas. El está atareado con sus proyectos y yo con los míos. Supongo además que el resto de los chicos de la banda también quedó resentido. Yo creo que es algo difícil de volver a capturar. Pero yo tengo la voluntad para juntarnos. A mí no me pasaron cosas más importantes en la vida que formar parte de una banda como los Redonditos.



Y define, o intenta definir, los proyectos de los que hablaba al principio. "Ya tengo como cincuenta temas para el próximo disco y también el arte de tapa y el título. Pero no te lo voy a decir. Lo que sí te digo es que va a ser un disco más crudo que el primero, con más guitarras que máquinas. También tengo compuestas unas músicas que yo llamo fractales porque tienen que ver de alguna manera con la geometría. No tienen formato de canción, no sé si serán músicas incidentales de alguna película o si irán a parar a algún álbum extraño... Sigo escribiendo El delito americano, que es gigante. A veces creo que debería usar esa música para hacer una película cuyo guión sea justamente El delito americano. Pero no me imagino con actores. Creo que debería ser algo con dibujos animados. Por último, tengo craneado un disco con algunos músicos muy grosos de acá sobre covers en español de temas del rock sajón, como Trufas en el Savoy, de Los Beatles." No dice más.


¿Qué opinás de la tragedia de Cromañón?

No es mi intención hurgar en llagas y heridas, pero tengo mi punto de vista. Yo no lo puedo ver a Chabán como un asesino. Ni siquiera como un empresario. Para mí es un artista. Creo que lógicamente se tiene que hacer responsable porque le explotó a él. Pero hay que ver todo esto en el marco de las inseguridades que tiene nuestra sociedad. Yo nunca he tenido una relación profunda con Chabán, hemos, sí, tocado en Cemento. Y en otros lugares peores. Yo he tocado en lugares donde no se murió nadie de pedo. Es así. No hay que ser hipócrita. Quiero dejar de lado el desgarrador dolor de los padres, respeto ese dolor con el alma. Pero no le podemos dar conciencia social a un grupo de padres desesperados, porque ellos pretenden algo muy parecido a la venganza. En fin, todo el país está dentro de los parámetros de seguridad de Cromañón. Y no son los parámetros de Bélgica o Suiza. Son parámetros de Tercer Mundo.



¿En qué sentido?

Es todo así. El Dodge 1500 que va por la autopista con la rueda floja... Se le sale y nos matamos cinco. El verdulerito que va con su chata a buscar verdura al Mercado... Es esa chata, no puede tener una segura. Porque no puede laburar, no le da el filo. Igual, no quiero meter todo en la misma bolsa. Hace poco leí en una entrevista con León Gieco que hablando de Cromañón metió el tema de Walter Bulacio. No tiene nada que ver: a Bulacio se lo llevó la policía de afuera del estadio de Obras y lo mató en una comisaría. Meterlo alegremente para hacer número de gente siniestrada me parece que no está bien.

Se apasiona el Indio, como si se encrespara. Pero no: es su modo. Habla firme y no da rodeos. Dice que consume mucho cine por televisión y da detalles técnicos de la obra de Godard y Fellini. Van cayendo los músicos para ensayar; el Indio dice que arranquen solos, que va a dormir una siesta "porque anoche me desvelé a las 3 de la mañana y no pude dormir más". Acompaña hasta la puerta, se entusiasma con la historia de la casa ("era un viejo haras, ves, ésta era una caballeriza") y se pierde en una habitación donde la televisión está encendida y Jorge Rial vocifera quién sabe qué nuevo romance.

Krusty
21-10-2005, 13:52
se corrio un poco para el tecno, experimenta y ademas las canciones estan buenas. :cervezza: :diabolo: :cervezza:
habria que ver por que en este país habiendo tanta gente que hace musica la mayoria se dedica a hacer rock chabon... :locoamor: :aplau: :yupi:

bryam_pipa
12-11-2005, 12:29
Hoy voya ir a verlo.. a las 8 pm en la plata... :) jee

salamedesoja
14-11-2005, 12:16
En dos conciertos multitudinarios en el Estadio Unico de La Plata, el ex cantante de Los Redondos se apropió de la simbología mítica de la banda. Presentó su disco solista, pero el público disfrutó de los temas ricoteros.

Algo no demasiado normal debe suceder en la cabeza de una persona que no suele mostrar sus ojos en público, y que pasa del ostracismo más profundo durante cinco años a tocar dos noches seguidas frente a 50 mil personas por vez. Del hermetismo paranoide a la furia rockera. Sin escalas. Cuatro años evitando contacto con el público que su mismo silencio ayudó a mitificar, creando un caldo de cultivo para las huestes ricoteras, hasta que de pronto Carlitos Solari decide volver al escenario. Tal vez ese espíritu de encierro haya quedado reflejado en el nombre de su banda: Los fundamentalistas del aire acondicionado. Como sea, al menos una cosa queda en claro a partir de su magnífica vuelta: el capital simbólico obtenido por Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota durante 20 años de carrera ha sido arrebatado por el Indio. Es él, sin duda, quien se ha quedado con la criatura. Es la imagen, la remera, la voz inconfundible y, encima, su carisma escénico sigue intacto. El sábado, miles de personas que encararon su travesía hasta La Plata llegaron sin hacer diferencias con el pasado. Como si nadie se hubiese enterado del fin, los cantos ricoteros guardados en los placares de la memoria, las banderas de “PR” (Patricio Rey), el clásico “vamo’lo redó”, o aquel de “A Bulacio lo mató la policía”, fueron mayoría frente a los intentos de cantar “Sólo te pido que se vuelvan a juntar”.

A eso de las 21.20 se oyó la frase: “Damas y caballeros. Los fundamentalistas del aire acondicionado”. Algunas costumbres nunca cambian: como solía suceder antaño, el Indio tomó el micrófono ante el fervor del público que había ya aguardado demasiado por su carraspera, pero su voz no se escuchó hasta la mitad del tema. Hubo silbidos. Por un momento, el Indio pareció como uno de esos bebés recién nacidos que abrieron la boca, pero no terminan de pegar el llanto. El mal momento pasó rápido, y enseguida se escucharon los acordes de Nike es la cultura, seguido de Amnesia. Entonces, Solari habló de su relación con el público: “Yo muchas veces me jacté de ser fiel, tomando a la fidelidad más como algo perverso que como una virtud. Les agradezco a todos el grado de perversión que han tenido conmigo”.

El recorrido hacia La Plata había arrancado temprano. En la ruta, conductores y acompañantes de todos los tamaños levantaban sus brazos al aire, y ensayaban esos cantitos que recordaban un poco de dónde venía todo esto: la futbolización del rock tuvo en los extintos Redondos el principal gestor. Las huestes ricoteras se fueron instalando sobre la Avenida 32, en dirección al estadio. Sobre el boulevard, la gran cantidad de combis, micros y trafics estacionados hacía recordar cualquier movilización política, aunque –claro– esto se trataba de otra cosa. En los puestos de choripanes la demanda llegó toda junta, y hubo quienes amparados en el anonimato de la oscuridad los entregaron bien crudos. Adentro, las banderas pedían “Justicia para los pibes de Cromañón” y afuera sobre la Avenida, un vendedor ambulante ofrecía remeras “oficiales” y tenía una foto pegada un árbol: “Esta es la novia de mi hijo que murió en Cromañón”, contó a Página/12.

Se suponía que el Indio estaba presentando su disco El tesoro de los inocentes (bingo fuel), pero –tal como había adelantado– junto a su banda (Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Aramberri en batería, Pablo Sbaraglia en teclados y samplers) promovió una verdadera fiesta ricotera. Solari tocó Un ángel para tu soledad, Susanita y Shopping Disco Zen y Yo, caníbal (de Lobo suelto cordero atado). De La mosca y la sopa rescató Nueva Roma y El pibe de los astilleros, aunque también llegó hasta Ropa Sucia, de ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado y Fuegos de Oktubre (de Oktubre), entre otros.

En la última entrevista con Rolling Stone había dicho: “Me cuesta mucho renegar del folklore de las bengalas y las banderas de rock. Creo que el rock es eso. Yo tengo la imagen de Juguetes perdidos en River, entrando a cantar con todo eso y... ¡Guau! No es sopa. Yo no quiero renegar definitivamente de todo eso. Aunque, desde ya, en este momento tienen que primar el respeto y el cuidado”. No faltaron entonces en La Plata las primeras bengalas y tres tiros desde la masacre de Cromañón, aunque el Indio se refirió al público cuando comenzó a tirarle algunos objetos contundentes (zapatillas, remeras) diciendo: “A ver esos talibanes si se calman un poco”.

Solari cantó además La piba del Blockbuster junto a Deborah Dixon de las Blacanblús (la única invitada de la noche del sábado), Pabellón Séptimo (Relato de Horacio) y prendió las luces de la disco con El Charro Chino, cuando un halo de luz hizo centro en una inmensa bola “disco” en el centro del Estadio (“Ya es tarde /muy tarde/ amor/ mi amor”). A unos 60 kilómetros de distancia, Solari había logrado armar su propia Creamfields del palo. Y los pibes bailaron sin lentes oscuros ni agua mineral. Para cerrar su show de dos horas y media, entre las idas y vueltas se escuchó Un poco de amor francés y, para acabar, el clásico Jijiji, emblema de Oktubre capaz de provocar el pogo más grande del mundo al ritmo de “No lo soñéeéeee...”, con todas las luces prendidas. Desde la platea se veía un hormiguero que saltaba descontrolado.

El fin de semana marcó el resurgimiento de una ética-estética que parecía perimida en la escena local: el gran rockero oculto, la masa fiel nada silenciosa y la música como sonido de fondo de ese encuentro perverso, en palabras del propio Indio.

En Página 12, por Mariano Blejman

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