PDA

View Full Version : Ejemplo de interpretaciones bíblicas


<Copiador>
05-04-2003, 10:07
El núcleo central de la utopía del Reino:
la liberación de los pobres en el contexto de hoy

Jesús Peláez

"Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que yo no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí" (Jn 18,36). Según la mayoría de los traductores del evangelio de Juan, esto es lo que Jesús respondió a Pilato cuando le preguntó si era "el rey de los judíos". Esta traducción no puede ser más desacertada, pues separó el reino de Dios de nuestro mundo e hizo a los cristianos soñar y anhelar fervientemente otro mundo, donde Dios reinaría en plenitud, identificado éste con el más allá, la otra vida o vaya Vd. a saber qué.



No ha sido ésta la única traducción desacertada de un texto evangélico. Otras han servido para confirmar la línea de interpretación ya indicada, como aquella de dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mt 22,21), de la que tomó base la teoría de los dos poderes por los que se gobierna el mundo -el político y el religioso o espiritual-, o la expresión el reino de los cielos, acuñada por el evangelista Mateo, según la cual, entendida al pie de la letra, el reino de los cielos o de arriba se oponía al reino terrenal de aquí abajo, o aquella otra que decía de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma (Mc 8,36), (traduciendo por influjo platónico alma en lugar de vida y creando de este modo la oposición mundo-alma, lo material que se ve a lo espiritual que no se ve, dando prioridad a lo segundo sobre lo primero)… Son sólo algunos ejemplos de traducciones desafortunadas de textos evangélicos, gracias a las que se generó dentro del cristianismo una corriente de interpretación espiritualista del mensaje de Jesús, alejada y ajena a la transformación de la realidad.



Y me parece desacertada la citada traducción, porque la palabra griega basileia, como ha mostrado Juan Mateos se puede traducir al castellano, según el contexto en que se encuentre, no por una, sino por tres palabras distintas: reino, reinado o realeza, cada una con su propio significado. Traducida por reino, basileia denota un espacio delimitado e indica "los súbditos y territorio sobre los que se ejerce la actividad de gobierno que compete a la dignidad y autoridad real"; cuando se anuncia la llegada de la basileia de Dios, se traduce por reinado y designa "la actividad de gobierno sobre súbditos y territorio que compete a la dignidad y autoridad real"; si aparece como atributo de una persona, se debe traducir por realeza y significa "la dignidad y autoridad real a las que compete una actividad de gobierno, ejercida sobre súbditos y territorio". Curiosamente John P. Meier, que desconoce la triple posible traducción de esta palabra, se siente incómodo ante la expresión "reino de Dios" y, considerándola inadecuada, afirma: "Ahora bien, mi acatamiento de la tradición no me impide admitir que 'reino de Dios' es una expresión vaga y algo abstracta, que más bien evoca la idea de territorio gobernado por un rey. Y que precisamente por ello desorienta. Como veremos, con 'reino de Dios' se trata de sugerir la noción dinámica de Dios reinando con poder sobre su creación, sobre su pueblo y sobre la historia. O como varios autores han expresado de modo más escueto: el reino de Dios es el reinar de Dios. Por eso más que a un ámbito territorial, la referencia es a la acción de Dios sobre los gobernados y su relación dinámica con ellos ; en el mismo sentido se expresa también John Dominic Crossan en su obra Jesús. Biografía revolucionaria .



Muchos textos de los evangelios se entenderían mejor si se determinase en cada momento cómo hay que traducir la palabra griega basilea. Así la frase de Juan Bautista se acerca el reino de Dios (Mt 3,32) se comprende mejor traducida por se acerca el reinado de Dios, esto es, se acerca el momento en que Dios va a reinar sobre los hombres; la segunda petición del Padrenuestro (Mt 6,10) sonaría mejor traducida por llegue tu reinado que por venga a nosotros tu reino, pues en realidad lo que se le pide a Dios es que reine sobre nosotros y no que venga su reino sobre nosotros, frase carente de sentido. Cuando leemos en el evangelio de Mateo (16,28): "En verdad os digo que hay algunos entre los presentes que no gustarán la muerte antes de haber visto al Hijo del Hombre venir en su reino", lo comprenderíamos mejor traducido así: antes de haber visto al Hijo del hombre venir como rey (esto es, revestido de los atributos reales); la petición de uno de los ladrones crucificados con Jesús: Acuérdate de mí cuando estés en tu reino no nos haría pensar en otro reino más allá de este mundo, si la tradujésemos por acuérdate de mí cuando vengas como rey (=cuando se manifieste tu realeza), cosa que está sucediendo precisamente en ese momento de la muerte de Jesús, en el que se manifiesta su modo peculiar de ser rey, que muere para dar vida (Lc 23,42).



Por eso la traducción del texto del evangelio de Juan citado al principio ("mi reino no es de este mundo"), propuesta por Juan Mateos en su recién publicado comentario a este evangelio , me parece más acorde con el texto griego original y con el mensaje de Jesús. Según ésta, Jesús respondió a Pilato de este modo: "Mi realeza -esto es, mi modo de ser rey- no pertenece al orden este. Si mi realeza perteneciera al orden este, mis propios guardias habrían luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías. Ahora bien mi realeza no es de aquí". Pilatos puede quedarse, por tanto, tranquilo, pues, aunque Jesús no niega ser rey, sin embargo, su realeza no es como la de los reyes de este mundo, que se valen de la fuerza y la violencia para conseguir sus fines; de ahí que no utilice guardias en su defensa con la finalidad de impedir ser entregado a las autoridades judías.



Estas observaciones de tipo lingüístico y técnico pueden servir para comprender mejor aquellos textos del evangelio donde aparece la palabra basileia, y ayudan a precisar con más exactitud cuál es el núcleo del mensaje de Jesús anunciado con estas palabras: está cerca el reinado de Dios (Mc 1,15).



La centralidad del reinado de Dios

Que el anuncio del reinado de Dios fue el tema central de la proclamación pública de Jesús o uno de los componentes más importantes de su mensaje es algo aceptado hoy por la mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento. Basta para ello constatar el número elevado de veces que aparece en boca de Jesús esta expresión, por lo demás ausente de la Biblia Hebrea y prácticamente inexistente en los targumes o traducciones arameas de la Biblia Hebrea, en los libros apócrifos, en Qumrán o en escritores contemporáneos al Nuevo Testamento como Filón o Flavio Josefo.



Pues bien, si el núcleo del mensaje de Jesús es el anuncio de la llegada inminente del reinado -no del reino- de un Dios, --que es Padre y desea llevar a la plenitud de vida al ser humano sin distinción de raza, género o religión, derribando las barreras que creaban y perpetuaban la discriminación entre los hombres" --, no se entiende a qué se debe que se pensase que la manifestación de ese reinado de Dios no tendría lugar plenamente en este mundo, sino en el más allá, pues es precisamente en este mundo donde el hombre tiene que llegar a su pleno desarrollo humano. El núcleo principal de la predicación de Jesús según los evangelios va dirigido, en mi opinión, a conseguir la transformación de aquella sociedad injusta, no mediante la fuerza, el poder, el prestigio o el dinero, sino mediante la puesta en práctica por parte de sus seguidores de un amor solidario que hiciese surgir dentro de este viejo mundo una sociedad alternativa en la que todos tuviesen cabida y no hubiese, como he formulado en otra ocasión comentando la parábola de los invitados a la boda, excluidos del pueblo ni pueblos excluidos.



El reino de los suelos

Y esta sociedad alternativa sobre la que Dios ejerce su reinado, en la perspectiva de Jesús, mira principal -aunque no exclusivamente- a este mundo, no tanto a los cielos cuanto a los suelos. Crossan afirma acertadamente que el reinado de Dios es "lo que sería nuestro mundo si estuviese gobernado por Dios". Entendido así, el núcleo de la predicación de Jesús no gira en torno al más allá, al otro mundo o a otro mundo por venir, sino que se centra en el más acá y en su transformación o cambio, aunque con vocación de eternidad. Y cuánto hay que hay que cambiar en este mundo globalizado gobernado por el capital en el que en diez años nada más -de 1988 a 1998- aumentó el número de personas que viven por debajo de la línea de pobreza en 105 millones, y la esperanza de vida -tras XXI siglos de cristianismo- es de menos de 40 años para 507 millones de personas…



La parábola del rico y Lázaro (Lc 16,14-31) muestra este interés de Jesús por el más acá y por los que, como Lázaro, sufrían en su tiempo la más extrema pobreza, por no decir la miseria más absoluta. Jesús propone esta parábola a los fariseos -amantes del dinero, como apostilla el evangelista Lucas- que no va dirigida a remediar la suerte, ya de suyo irreversible de sus protagonistas en el más allá, sino a poner sobre aviso a los cinco hermanos del rico que, todavía están a tiempo de practicar el amor solidario hacia los pobres como lo recomiendan las escrituras sagradas, si saben leerlas debidamente. En esta parábola -la única en la que una escena tiene lugar en el más allá- Jesús describe la otra vida en los términos en que la concebían los fariseos, pretendiendo con ello llamar la atención sobre el estado de injusticia en el que vivían sumidos los cinco hermanos del rico, verdaderos destinatarios de la parábola. El más allá es un pretexto literario, una especie de amenaza para inducir a la conversión al prójimo a los hermanos del rico, a ver si con ello cambiaban de estilo de vida y hacían justicia, remediando tanta pobreza como había a su alrededor. Los cinco hermanos del rico me recuerdan hoy a las siete personas más ricas del mundo, cuyo capital daría lo suficiente para dotar de servicios básicos a todos los habitantes del planeta, pero también a cuantos -cada uno en su nivel- dan la prioridad al capital sobre el amor. "La extrema desigualdad está haciendo de este mundo nuestro un lugar inestable, reprobable y feo. El capital de los 84 individuos más ricos del mundo excede el PIB de China con sus 1.300 millones de habitantes. En 1988, el director general de Disney cobró 576,6 millones de dólares, esto es, 25.070 veces el ingreso medio de los trabajadores de esta misma empresa. Bill Gates, ese mismo año, tenía un capital superior al del 45% de los hogares de Estados Unidos, un país donde el 5% de los hogares con mayor poder adquisitivo disfruta del 50% de la renta nacional … Y lo curioso es que este escandaloso desequilibrio social se da, como vemos ya, no sólo comparando el primero con el tercer o cuarto mundo, sino también dentro de los países más desarrollados, donde podría esperarse una mayor igualdad entre sus habitantes. Cuánta actualidad tiene la vieja parábola del rico y Lázaro…



Hay otra escena del evangelio (Lc 18,18), en la que se acerca a Jesús un magistrado rico, que no satisfecho con tener ya la suficiente seguridad y protección en esta tierra, gracias a su riqueza, se muestra además preocupado por alcanzar la vida eterna. A éste, Jesús le hace ver que, a pesar de haber cumplido, según él, todos los mandamientos que miran al prójimo -cosa harto difícil si seguía siendo rico en un mundo con tantas carencias y necesidades-, le faltaba sólo una cosa, un pequeño detalle: "vender todo lo que tenía y repartirlo a los pobres", como condición para seguirlo. Jesús se mostró aquel día más preocupado por que el rico saliese de su injusticia, haciéndose solidario de los pobres, que por la obtención por parte de aquél de la vida eterna. Pero a aquel rico debió parecerle Jesús un maestro un tanto decepcionante al exigirle algo que no entraba en sus planes de anhelo celestial: vender y dar lo que tenía, o lo que es igual, quedarse sin su seguridad aquí abajo, para seguirlo. Arriesgada aventura a la que el rico no estuvo dispuesto, pues no parecía interesado en la transformación de la sociedad ni en la eliminación de la pobreza. Una pobreza flagrante que debiera avergonzarnos hoy, pues en nuestro mundo 3.000 millones de personas viven con menos de 2 dólares al día y de éstos 1.300 millones con menos de un dólar. Sería tan fácil remediar esta pobreza si quisiéramos: para erradicarla en todo el mundo bastaría con invertir solamente el 1% de los recursos globales. Las cosas han ido en este aspecto a peor desde tiempos de Jesús, pues nunca hubo, como ahora, tan pocos ricos con tanto dinero y tantos pobres tan pobres.



Parábolas, dinero y bienes

Fue Quevedo quien diagnosticó de modo brillante el poder de este dios-dinero, adorado por quienes no adoran al Dios verdadero. Mucho antes, por supuesto, lo había hecho Jesús, que sabía hasta qué punto este dios podía esclavizar el corazón humano, sentenciando tajantemente: "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13). Así de claro.

Y no es que Jesús estuviese a priori en contra del dinero, un bien necesario e imprescindible para poder llevar una vida humanamente digna; lo que Jesús ataca con esa frase es la acumulación de dinero por parte de unos pocos y en detrimento de la mayoría.

No vivía Jesús fuera de este mundo, ni era un maestro preocupado por cosas de la estratosfera. Como buen pedagogo y consciente de la importancia que el ser humano da al dinero y a los bienes materiales, llama la atención que Jesús los trae a colación en gran parte de las parábolas del evangelio, precisamente con las que quiere explicar a qué se parece el reino de Dios. En lugar de elaborar un discurso abstracto y teórico, Jesús habla a sus oyentes con parábolas que reflejan escenas de la vida real en las que el dinero y los bienes están directa o indirectamente implicados: unos viñadores que deciden matar al hijo del dueño de la viña para quedársela en herencia (Mt 12,11); un empleado a quien se le condona una deuda ingente que es incapaz de perdonar al compañero que le debe una nimiedad; un administrador que, al enterarse que va a ser despedido, decide renunciar a su porcentaje de ganancia para con los acreedores de su amo, con la finalidad de garantizarse ser acogido en casa de ellos cuando pierda el empleo (Lc 16,1-8); un rico que banquetea cada día, mientras un pobre no tiene para llevarse a la boca ni siquiera las migajas que caen de la mesa del rico (Lc 16,19-31); unos invitados a la boda que se excusan de asistir al banquete por haber comprado un campo o tener que probar cinco yuntas de bueyes o haber contraído matrimonio, resultado éste también de una transacción económica entonces; un hombre que se va de viaje y encarga a sus empleados cuidar de sus bienes, dándole a uno cinco talentos, dos al segundo y uno al tercero (Mt 25,14-30); un prestamista que tenía dos deudores (Lc 7,41-43); un samaritano que no sólo socorre al malherido, sino que da dos denarios de plata al posadero y le promete pagarle a la vuelta lo que gaste de más (Lc 10.30-35); un amigo que pide a otro que le preste tres panes para ofrecerlos a un amigo que había venido de viaje (Lc 11,5-8); unos jornaleros contratados para trabajar en la viña que perciben al final del día el mismo salario, independientemente de las horas de trabajo realizado; diez muchachas necias que piden a las sensatas que les den de su aceite para que no se les apaguen los candiles (Mt 25,1-13); un rico necio que, en lugar de compartir con los demás el fruto de una cosecha abundante, sólo piensa en construir unos graneros mayores y darse a la buena vida (Lc 12,13-21). Varias parábolas menores del evangelio tienen también como tema el dinero o los bienes materiales más preciados: el dracma perdido (Lc 15,8-10), la perla preciosa (Mc 13,45), el tesoro escondido (Mc 13,44).



Jesús no era un iluso. Tenía bien puestos los pies en la realidad y sabía que el dinero era necesario para vivir. Pero también que su acumulación en manos de unos pocos era la causa de aquella sociedad basada en la injusticia y en la desigualdad en la que una mínima parte de su población se había apropiado de los bienes que debían ser disfrutados por todos. Es terrible pensar a estas alturas del siglo XXI de la era cristiana que 1.200 millones de personas no tengan acceso a algo tan elemental como el agua potable y 158 millones de niños menores de cinco años padezcan malnutrición



¿Felicidad, pobreza y reino?

Por eso, cuando formuló la primera y principal bienaventuranza, no dudó en unir lo que ninguno de nosotros se habría atrevido a emparejar: felicidad, pobreza y reino.



La pena es que también esta primera bienaventuranza ha sido mal traducida y mal interpretada a lo largo del tiempo. "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de los cielos" (Mt 5, 3), dicen que dijo Jesús. Traducida de este modo, esta bienaventuranza ha sido interpretada en dos direcciones:
- Para unos, lo importante era ser "pobre de espíritu", esto es, estar desprendido espiritualmente de los bienes, pero sin renunciar a ellos, por supuesto. Crossan -quien, por cierto no ha entendido el sentido de la primera bienaventuranza- va en esta línea cuando afirma que se trata, según Mateo, no ya de la pobreza en sentido económico, sino en sentido religioso; esta interpretación ha servido para tranquilizar a lo largo de la historia del cristianismo a todos aquellos que, siendo ricos, decían haber renunciado en su interior a la riqueza (=pobres de espíritu), pero sin desprenderse realmente de ella, haciendo posible de este modo lo que Jesús declara absolutamente inviable: riqueza y reino de Dios: "Os aseguro que con dificultad va a entrar un rico en el reino de Dios. Lo repito: Más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el reino de Dios" (Mt 19,23-24). Tan difícil como hacer pasar el animal mayor -el camello- por el agujero menor -el ojo de la aguja-. Prácticamente imposible, aunque también a esta frase -de interpretación tan obvia, pero de contenido tan duro- se le han buscado las más sofisticadas interpretaciones, para hacer que los ricos -sin dejar de serlo- también pudiesen estar al cobijo de la salvación ofrecida por una iglesia que, con frecuencia, supo quitar el aguijón al evangelio, haciendo acopio de bienes materiales y gozando, de este modo, del poder, la seguridad y el prestigio social que la posesión de estos proporciona.



-Para otros, los pobres no tenían ni tienen por qué preocuparse de su situación, porque de ellos es ya el bien más preciado, el reino de los cielos. Su sufrimiento aquí se ve ya compensado en el presente por poseer ya este reino, sabedores además de que Dios en el reino futuro pondrá los puntos los puntos sobre las íes, aun a precio de tener que soportar en esta tierra una vida de carencias y penalidades extremas... ¡Vaya gracia!...
Y, sin embargo el sentido original del texto griego de esta bienaventuranza va por otros derroteros. Jesús declara que solamente aquellos que sean capaces de hacerse pobres hasta el extremo de la mendicidad, si hiciese falta -pues el texto griego utiliza la palabra ptôkhós (mendigo) en lugar de pénês (pobre)- renunciando voluntariamente a la riqueza, sólo estos pueden formar parte de la comunidad o grupo humano sobre los que Dios reina. Al mismo tiempo, proclamando dichosos a los pobres voluntarios, éstos se verán libres de toda atadura para denunciar la miseria en la que anda sumida gran parte de la humanidad y que no es en modo alguno un estado deseable ni causante de felicidad, pues degrada al ser humano, lo lleva a perder su autonomía, acaba con todo proyecto de comunidad y fraternidad, y hace nacer en el interior del corazón la envida, el resentimiento y la desesperación . ¿De qué estado de felicidad, me pregunto yo, pueden disfrutar los más de 800 millones de personas de nuestro mundo que en la actualidad carecen de los recursos suficientes para comer?



A la felicidad o bienaventuranza se llega, según Jesús, liberándose voluntariamente de la esclavitud del dinero, un dios que exige idolatría y que cierra el corazón humano al amor solidario y, al mismo tiempo, luchando -con el arma de la libertad que genera la pobreza voluntaria- contra la pobreza material que hunde al hombre en la miseria y le cierra el paso a su desarrollo humano integral.



De ahí que la traducción o interpretación más adecuada del texto griego de la primera bienaventuranza me parece la propuesta por Juan Mateos: "Dichosos los que eligen ser pobres" (= "los pobres por el espíritu", esto es, los que han decidido por propia voluntad ser o hacerse pobres en el sentido obvio de la palabra, pues el espíritu es para los semitas la facultad o sede de las decisiones)… "porque ellos tienen a Dios por rey", y prueba de ello es que han sido capaces de renunciar al dinero -verdadero dios para la inmensa mayoría de la gente de nuestro mundo-, y no lo han hecho para aumentar la ingente multitud de los pobres de la tierra, sino para sacar de la pobreza a los que andan sumidos en ella. Evidentemente que se trata de una formulación extrema -como tantas otras que hay en los evangelios- con la que Jesús indica hasta dónde hay que estar dispuestos a llegar para acabar con este orden injusto. No proclama Jesús dichosos solamente a los que ya se han hecho pobres, sino a todos aquellos que han iniciado este camino para acabar con la injusticia en el mundo y, en la medida de sus posibilidades y capacidades, marchan para conseguir esa meta. Podemos decir que Jesús invita a sus seguidores a hacerse voluntariamente pobres para que ninguno lo sea realmente.



Esta interpretación de la primera bienaventuranza no es nueva, como podría pensarse, pues ya era compartida incluso por algunos santos padres de la Iglesia. Basilio de Cesarea escribía: "Estos pobres de espíritu no se han hecho pobres por ninguna otra razón a no ser por la enseñanza del Señor que ha dicho: "ve, vende lo que tienes y dáselo a los pobres", y Cromacio de Aquilea, comentando las bienaventuranzas, afirma que "no toda pobreza es dichosa, porque con frecuencia es consecuencia de la necesidad... Dichosa es, pues, la pobreza espiritual, esto es, aquella de quienes se hacen pobres por Dios en el espíritu y en la voluntad, renunciando a los bienes del mundo, y dando generosamente sus propios bienes" .



Es tal el empeño de Jesús en su evangelio por denunciar las situaciones de riqueza acumulada por parte de los ricos -a los que dedica en el evangelio de Lucas cuatro malaventuranzas paralelas a las bienventuranzas- que creo no es gratuito afirmar sin ningún complejo que el núcleo central de la utopía del reino tanto ayer como hoy sea, la liberación de los pobres, que comienza -aunque no se limita a ello- por la eliminación de su pobreza-mendicidad, ese estado en el que es imposible el desarrollo humano. Jesús invita a estos pobres liberados no a ser ricos sino a llevar una vida de austeridad solidaria, expresión que puede considerarse como la nueva formulación de la pobreza evangélica. El camino de la felicidad se halla paradójicamente donde nadie espera encontrarla, en la renuncia voluntaria a la acumulación de bienes, con la finalidad de que éstos se distribuyan entre todos y se acabe esa radical desigualdad en la que anda sumida la humanidad.
Los pobres -aquella multitud de desposeídos de la tierra- fueron el centro de atención de Jesús, una constelación de indigentes, mendigos, endemoniados, ciegos, cojos, enfermos, prostitutas y un largo etcétera por cuya compañía y defensa fue declarado indeseable a los ojos de la "gente de bien" de entonces y merecedor de un suplicio abominable. Y fueron precisamente los ricos -y con ellos los fariseos, amantes del dinero, además de piadosos- el objeto de los mayores y más duros ataques del maestro nazareno.



La nueva sociedad o reino de Dios, preconizado por Jesús, se hará realidad aquí y ahora en la medida en que haya gente que se adhiera a su programa de austeridad solidaria, para alumbrar de este modo una nueva humanidad, llamada a la salvación. Y no debemos olvidar que la salvación comienza por la liberación del pueblo de aquellas condiciones de vida -como la pobreza forzosa- que impiden su pleno desarrollo humano.



El espacio reservado a este artículo no me permite desarrollar cuáles son las características de esta nueva sociedad sobre la que Dios reina. En mi artículo Jesús, el Evangelio y la Iglesia, publicado en las actas del XVI Congreso de Teología , comentando las parábolas, la he definido como una comunidad modesta, sin pretensiones de grandeza, pero acogedora (Parábolas del grano de mostaza, Mc 4,30-32, y de la levadura Lc 13,20-21); "una comunidad de iguales que no excluye ni discrimina (Parábola de los invitados al banquete, Lc 14,7-14.15-24), una comunidad sin últimos ni primeros, que altera escandalosamente el orden establecido como generador de injusticia (Parábola de los jornaleros invitados a la viña, Mt 19,30-20), una comunidad esencialmente extrovertida: preocupada por los que se han ido de casa y por los que no quieren entrar (Parábola del padre pródigo, Lc 15,11-32). Pero, y sobre todo, habría que describirla como comunidad que practica hasta lo inimaginable el amor solidario (Parábola del samaritano, Lc 10, 25-37) . Esto es y no otra cosa el reino-reinado de Dios en esta tierra. Que de lo que sea de éste en el más allá, poco podemos saber por el Nuevo Testamento, a no ser que tanta cantidad de amor y servicio no puede acabarse con la barrera de la muerte…

Auda Martel
05-04-2003, 15:03
Interesante mensaje, Copiador. He de leer más detenidamente, pero en ésta mi primera lectura, ya me ha surgido una pregunta.

Dice tu mensaje:

“Por eso la traducción del texto del evangelio de Juan citado al principio ("mi reino no es de este mundo"), propuesta por Juan Mateos en su recién publicado comentario a este evangelio , me parece más acorde con el texto griego original y con el mensaje de Jesús. Según ésta, Jesús respondió a Pilato de este modo: "Mi realeza -esto es, mi modo de ser rey- no pertenece al orden este. Si mi realeza perteneciera al orden este, mis propios guardias habrían luchado para impedir que me entregaran a las autoridades judías. Ahora bien mi realeza no es de aquí".

... y continúa:

“Pilatos puede quedarse, por tanto, tranquilo, pues, aunque Jesús no niega ser rey, sin embargo, su realeza no es como la de los reyes de este mundo, que se valen de la fuerza y la violencia para conseguir sus fines; de ahí que no utilice guardias en su defensa con la finalidad de impedir ser entregado a las autoridades judías”.

Mi pregunta (duda) es la siguiente: Uno de los doce apóstoles, Simón, era llamado el Zelote, y ese término se identificaba con miembros de una asociación político-religiosa, combatiente, y totalmente contrarios a la ocupación romana ... ¿qué hacía un zelote, no solo siguiendo a Jesús, sino convertido en uno de sus doce apóstoles?

¿Qué explicación le podemos encontrar a ésto?

Un saludo,

Auda Martel
05-04-2003, 15:42
A las dos interpretaciones que expones sobre la primera bienaventuranza, "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de los cielos" (Mt 5, 3), querría añadir la teoría que se difundió a raíz del descubrimiento de los Pergaminos del Mar Muerto, tema no definitivamente cerrado aún hoy, tantos años después, por el secretismo y la polémica que genera lo que en ellos se cuenta sobre los esenios y la ciudad de Qmran, además de la ausencia de consenso entre los eruditos que los estudian, a la hora de decidir cual es la traducción correcta y por ende la interpretación posterior. Pero aún así, la extraordinaria similitud de muchos hechos con los narrados en los evangelios lleva a, de alguna manera, establecer una especie de código, que podría plantear la teoría de que los evangelios decían “mucho más”, lo cual sorprende sobremanera... y así, por ejemplo, nos encontramos que,

- el Emperador romano era llamado “el león”, por lo tanto, ser “rescatado de las fauces del león” significaba escapar de las garras del Emperador o de sus oficiales.
- Los “pobres” no eran ciudadanos sumidos en la pobreza y sin ningún tipo de privilegios: eran aquellos que habían comenzado en un alto escalón de la comunidad y que habían sido obligados a renunciar a sus propiedades y posesiones mundanas.
- Los “muchos” era un estilo utilizado para designar al líder de la comunidad de los célibes, mientras que la “muchedumbre” era una designación del Tetrarch regional (gobernador).
- La palabra “multitud” se aplicaba a algún consejo de gobierno. Los novicios dentro del establishment religioso fueron llamados “niños”.
- La temática doctrinal de la comunidad era conocida como el “Camino” y aquellos que seguían los principios del “Camino” eran llamados “Hijos de la Luz”.

Un tema apasionante en verdad, a mi juicio, lleno de enigmas y preguntas sin respuesta que atrapa irremediablemente.

Un saludo,

<Copiador>
05-04-2003, 22:55
Saludos Auda. Quiero exponer que lo escrito arriba no es mío sino de Pelaez. Yo solo me pongo a leer las cosas que me interesan y luego las copio, por eso lo de Copiador. Pero lo que dices de Judas Iscariote sí era zelote y precisamente por eso se hace seguidor de Jesús pensando que este hombre tenía temple de líder revolucionario y máximo cuando demuestra tanto poder (milagros, aunque éstos, en su gran mayoría están escritos de la forma en que aparecen en la Biblia mas no necesariamente ocurrieron como fueron descritos). Una vez Judas ve y escicha a Jesús hablando sobre el amor a todos incluso a los enemigos. Que habría que poner la mejilla si le dan en la otra y otras cosas más que lo alejan de la batalla física, éste se va desfraudando y empieza a alejarse poco a poco de Jesús. Luego decide sacar provecho y le vende. Se suicida porque no comprendió el mensaje de Jesús y no pudo entender que Jesús era capaz de perdonarle, contrario a Pedro, el cual había cometido igual que él traición pero si le había conocido y sabía que era, Jesús, capaz de perdonar tal vil traición.

Copiador

<Copiador>
05-04-2003, 23:38
Ahora, aprovecho para exponer los comentarios que leí sobre el Evangelio a leerse hoy en la misa dominical. Creo, en i forma de pensar que son los más afines con la realidad de los hechos allí escritos. De nuevo afirmo que no les he escrito yo (cosa que sí me hubiera gustado)

EVANGELIO
Juan 12, 20-33
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento ,

20Algunos de los que subían a dar culto en la fiesta eran griegos; 21éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron:
- Señor, quisiéramos ver a Jesús.
22Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. 23Jesús les respondió:
- Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria del Hombre 24Sí, os lo aseguro: Si el grano de trigo una vez caído en la tierra no muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. 25Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este es conservarse para una vida definitiva. 26E1 que quiera ayudarme, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también el que me ayuda. A quien me ayude lo honrará el Padre.
27Ahora me siento fuertemente agitado; pero ¿qué voy a decir: «Padre líbrame de esta hora»? ¡Pero si para esto he venido, para esta hora! 28¡Padre, manifiesta la gloria de tu persona!
Vino entonces una voz desde el cielo:
- ¡Como la manifesté, volveré a manifestarla!
29A esto, la gente que estaba allí y la oyó decía que había sido un trueno. Otros decían:
- Le ha hablado un ángel.
30Replicó Jesús:
- Esa voz no era por mí, sino por vosotros. 31Ahora hay ya una sentencia contra el orden este, ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera, 32pues yo, cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mi.
33Estó lo decía indicando con qué clase de muerte iba a morir.






COMENTARIO 1
--------------------------------------------------------------------------------

Jesús sintió miedo ante la hora que se le avecinaba. La reacción de los guardianes de la Ley, cuyo código legal había cuestionado, la ortodoxia de los teólogos conservadores e inmovilistas, la inhibición de los políticos y la maleabilidad del pueblo que hoy dice sí y mañana no, estaban a punto de descargar sobre él un zarpazo mortal. La muerte en el patíbulo le acechaba cada día como posible. Aún estaba a tiempo de rectificar, de abandonar el camino, dejando en la estacada su maravillosa pero conflictiva doctrina evangélica.
Lleno de miedo, se paró a reflexionar. Atrás quedaba la semilla de Evangelio, ahogada por las zarzas del sistema mundano; aunque a su alrededor permanecía aún el grupo de discípulos, día a día, se iba quedando solo, terriblemente solo, acorralado y asediado por la violencia y el odio de quienes, instalados en la cúspide del poder, buscaban el momento oportuno para quitarlo de en medio.
Arriba, allá en lo alto del cielo, se encontraba su Padre Dios; a punto estuvo de pedirle que lo librara de pasar aquel mal trago. Tenía miedo a morir y dijo a sus discípulos; "Ahora me siento fuertemente agitado, pero ¿qué voy a decir: Padre, líbrame de esta hora? ¡Pero si para esto he venido, para esta hora! Padre, manifiesta la gloria de tu persona". Y decidió seguir adelante.
Al instante de tomar esta decisión, dice el evangelista Juan, "se oyó una voz del cielo: Acabo de manifestar mi gloria y volveré a manifestarla". La gloria, la manifestación del Dios-Amor tenía su aparición más perfecta en Jesús de Nazaret.
"Ante esto la gente que estaba allí escuchando decía que había sido un trueno; algunos decían que le había hablado un ángel". Bella imagen para confirmar desde arriba la decisión de Jesús, como trueno que hace estremecerse, como voz de un mensajero divino dirigida a todos cuantos aún dudaban del camino del Maestro: "Esta voz no era por mí, sino por vosotros" -precisó Jesús.
Antes de pronunciar estas palabras había declarado: "Sí, os lo aseguro: si el grano de trigo caído en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto". Estaba convencido de que no se puede producir vida sin dar la propia; la vida es fruto del amor y no brota si el amor no es pleno, si no llega al don total. Amar es darse sin escatimar nada; hasta desaparecer, si es necesario. En la imagen del grano que muere en la tierra, la muerte es condición para que se libere toda la energía vital que contiene. El fruto comienza en el mismo grano que muere. Dar la propia vida es la suprema medida de amor: "Quien tiene apego a la propia vida, la pierde". Jesús era consciente de que sólo queda lo que damos. Y se decidió a dar lo único que le quedaba: la vida.
Sin posesiones, sin dinero, sin honores, sin dignidad, sin amigos, solo, subió al patíbulo. Su muerte, semilla de vida, fue consecuencia inevitable de un amor sin límites a los despojados de la sociedad, de un compromiso solidario con el pueblo, de una denuncia tenaz y abierta de la opresión. Fue la hora de la verdad. Bendita hora...


COMENTARIO 2
--------------------------------------------------------------------------------

Cuando nos enseñaron el catecismo nos dijeron que uno de los enemigos del alma era el mundo Y es cierto: el mundo es uno de los peores enemigos del alma y del cuerpo, del hombre y de la mujer, de los individuos y de los pueblos. El mundo, el orden este.


EL ENEMIGO DE LA VIDA

Hay quienes llaman «mundo» a todo lo que no es religioso. Esa idea procede del lenguaje de los monjes, que llamaban «el mundo» y «mundano» a todo lo que no cabía en el convento: las fiestas, los bailes, la alegría de la vida y todo lo que tuviera que ver con el sexo, incluso dentro del matrimonio, todo eso recibía el nombre de «el mundo».
Por otro lado, en nuestra mentalidad han influido mucho otras ideas que consideran al hombre un compuesto de dos partes totalmente distintas: el alma se consideraba la parte buena y todo lo relacionado con el cuerpo era malo. Pero ése no es el modo de pensar y de hablar de los escritores del Nuevo Testamento.
La palabra «mundo» en el evangelio de Juan puede significar distintas cosas: el universo, la tierra, la humanidad..., obras de Dios y objeto de su amor. Pero, a veces, con esa palabra se refiere a una realidad negativa, mala. El mundo, en este sentido, es la desdichada manera de organizar la sociedad que los hombres tenemos, es el «orden» social que tiene como pilares básicos «los bajos apetitos, los ojos insaciables, la arrogancia del dinero», según palabras del mismo evangelista en su primera carta (2,16). El mundo es todo sistema social y/o religioso en el que no se respeta la dignidad del ser humano, y, por tanto, no se respeta a Dios.
Por otro lado, para la mentalidad hebrea, el hombre no es un compuesto de dos partes distintas, sino una unidad que puede ser vista de distintas maneras: como carne, el hombre entero en cuanto mortal; como cuerpo, esto es, capaz de relación con los demás; como alma, o sea, como ser vivo; y como espíritu, dotado de unas capacidades superiores a las de los demás vivientes y exclusivas de la persona humana. El alma es la vida; que «el mundo es enemigo del alma» significa que es enemigo de la vida: que la sociedad humana se ha organizado de tal modo que en ella la vida del hombre está en constante peligro.


EL ORDEN ESTE

... si el grano de trigo caído en tierra no muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este es conservarse para una vida definitiva. El que quiera ayudarme, que me siga, y así. allí donde yo estoy, estará también el que me ayuda.

"... si el grano de trigo caído en tierra no muere..."
Algunos quizá piensen que esta frase significa que Dios quiere que su Hijo muera para salvar a la humanidad. No. Dios no quiere que ni su Hijo ni nadie muera; pero la muerte de Jesús será inevitable por la maldad del orden este. El sufrió, y, como él, todos los que se comprometan en la tarea de organizar el mundo de otra manera, como un mundo de hermanos, sufrirán el acoso de los defensores del mundo, del orden este. Todos los que gozan de privilegios obtenidos a costa de la opresión de los demás se resistirán a perderlos, aunque para ello tengan que matar; de hecho, sus privilegios son ya instrumento de muerte, pues sus sobras son falta de vida para los pobres. Por eso no es una contradicción esta otra frase: «Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este es conservarse para una vida definitiva». Lo absurdo es querer vivir en medio de un orden de muerte, en medio de una organización en la que sólo algunos -y sólo aparentemente- viven. Y para vivir de esa manera no tienen más remedio que matar. Como algunos quizá piensen que estamos exagerando, que hablen los hechos. Dos ejemplos de hoy:
- En nuestro mundo hay alimentos suficientes para que cada ser humano de la tierra coma cada día lo que necesita para vivir y para que sobre un 10 por 100 aproximadamente. Pero, mientras tanto, el hambre es la causa -directa o indirecta- de la muerte de 100.000 seres humanos. Y, entre tanto, en Estados Unidos hay almacenados excedentes, alimentos que sobran, por valor de 400 billones (400.000.000.000.000) de pesetas; y, mientras tanto, la Comunidad Europea paga a los agricultores para que no produzcan alimentos, para que dejen sus tierras ¡en barbecho! ¿Es demagogia decir que este es un orden de muerte?
- Cada año, el Tercer Mundo gasta en armas cerca de tres billones (3.000.000.000.000) de pesetas que podrían haberse gastado en producir alimentos. Por dos veces matan las armas a los pobres: violentamente cuando se usan y de hambre cuando se compran; la riqueza producida con el trabajo de los pobres sirve para matar a los pobres. ¿Es demagogia decir que el mundo así organizado es un orden de muerte?

Ese es el mundo que mató a Jesús y tratará de matar a sus seguidores y a todos los que intenten impedir que siga matando. Y es a ese mundo, no a Dios; al que hay que temer. Y no porque nos pueda quitar la vida. No puede quitárnosla: Dios la defiende. Pero, contaminándola, nos la puede pudrir. E impedir que colaboremos en la construcción de un nuevo mundo en el que podamos vivir y compartir una nueva y verdadera vida que brotará del grano caído en tierra que no muere para siempre, sino para dar más vida. Y, además, el mundo este no durará por siempre: «Ahora hay ya una sentencia contra el orden este, ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera, pues yo, cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí.» De nosotros depende que esa sentencia se ejecute cuanto antes.



COMENTARIO 3


--------------------------------------------------------------------------------

20-23 Algunos de los que subían a dar culto en la fiesta eran griegos; éstos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, quisiéramos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria del Hijo del hombre».
«Los griegos» del texto podían ser judíos helenistas, paganos prosélitos o simples simpatizantes del judaísmo. En todo caso, pertenecen a otra cultura, que, en aquella época, podía llamarse universal.
De este modo, al cortejo que sigue a Jesús se suma gente de otros pueblos. Se verifica la frase de los fariseos: todo el mundo se ha ido detrás de él. Los griegos subían a Jerusalén para dar culto, pero, al encontrar a Jesús, renuncian a su propósito. Comienzan a acercarse las ovejas que no son del recinto de Israel (10,16), para ser reunidas por Jesús.
Felipe era natural de Betsaida (“Lugar de pesca”, posible alusión a la misión) (1,44), situada fuera del territorio de Israel, en la tetrarquía de Filipo. Los griegos le manifiestan su deseo de conocer a Jesús. Felipe, el hombre de la tradición que no ha salido de las categorías del judaísmo (1,45; 6,5-7), el que había invitado a Natanael a acercarse a Jesús (1,46), no se atreve a hacer lo mismo con los griegos. Acude a Andrés, el que “se quedó a vivir con Jesús” (1,39), es decir, el que vive en la esfera del Espíritu y comprende el mensaje (6,8-9), pero tampoco Andrés se atreve a tomar la iniciativa. Ambos van a consultar a Jesús. Refleja este pasaje la dificultad que tuvieron las primeras comunidades, de raíz judía, para abrirse a los paganos (cf. Zac 9,13; Sof 3,9).
Jesús no habla directamente a los griegos: la misión con los paganos tocará a sus seguidores. Declara que la hora anunciada desde el principio (2,4) ha llegado, y que en ella se hará patente la gloria del Hijo del hombre, su amor fiel hasta el don de la vida, terminando de realizar en sí mismo el proyecto divino, el Hombre-Dios (1,2).
El ideal del hombre que se realiza en Jesús no coincide con los tradicionales de la cultura griega: no se identifica con el héroe que aspira a la gloria militar y a la fama imperecedera, ni con el filósofo que cultiva la sabiduría. La plenitud del hombre no está en la fama ni se centra en el saber. Hay un nivel infinitamente más alto, que excluye algunos de estos aspectos y completa otros: ese nivel es la condición divina, que se alcanza por el don de sí mismo, por el amor a todos hasta el fin, reproduciendo el ser y la actividad del Padre, único Dios verdadero.
Es singular que este anuncio lo haga Jesús precisamente cuando hombres de cultura griega se interesan por él. Quiere decir que la manifestación en Jesús de la gloria del Hombre es el hecho decisivo para la misión en el mundo pagano. Para la humanidad en general, lo más importante acerca de Jesús no será reconstruir en detalle su itinerario en ambiente judío, sino descubrir en él la condición divina del Hombre.
En consecuencia, los discípulos no deberán proponer en primer lugar una doctrina o una ideología, ni presentar a Jesús como un mero individuo histórico (Jesús de Nazaret), sino que han de mostrar realizada en él la plenitud humana en la manifestación suprema de la gloria-amor. La figura de Jesús pone al hombre en el centro, le devuelve su valía y su dignidad y, por encima de toda ideología, es el modelo que permite a la humanidad encaminarse hacia su plena realización.

24-26 «Sí, os lo aseguro: Si el grano de trigo, una vez caído en la tierra, no muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este es conservarse para una vida definitiva. E1 que quiera ayudarme, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también el que me ayuda. A quien me ayude lo honrará el Padre».
En esta declaración solemne y central explica Jesús cómo se producirá el fruto de la misión, suya y de los discípulos. No se genera vida sin dar la propia. La vida es fruto del amor y brota según la medida del amor. Amar hasta el fin es darse sin escatimar.
En la metáfora del grano que muere en la tierra, la muerte es la condición para que se libere toda la energía vital que contiene; la vida allí encerrada se manifiesta entonces de una forma nueva. Jesús afirma con esto que el hombre posee muchas más potencialidades de las que aparecen, y que solamente el don de sí hasta el fin las libera para que ejerzan toda su eficacia.
Jesús usa aquí una formulación extrema. En realidad, la muerte de que habla no es un suceso aislado, sino la culminación de un proceso de donación de sí mismo; se presenta como el último acto, que sella definitivamente la entrega continua. El dicho de Jesús implica que la fecundidad no depende de la transmisión de un mensaje doctrinal, sino de la práctica de un amor hasta el fin. El amor es el mensaje.
El temor a perder la vida es el gran obstáculo a la entrega. Poner límite al compromiso por apego a la vida es condenarla al fracaso, pues este apego lleva a todas las abdicaciones. Por el contrario, estar dispuesto a arriesgar la vida, desafiando la hostilidad de la sociedad injusta, no significa frustrar la propia existencia, sino llevarla a su completo éxito. Infundir temor es la gran arma del orden injusto. Quien no teme morir, lo desarma. Es totalmente libre y puede amar totalmente.
Ha advertido Jesús que el secreto de la fecundidad está en la entrega de la propia vida. Ahora invita a seguirlo en ese camino (el que quiera ayudarme, que me siga), es decir, colaborar en su misma tarea, aun en medio de la hostilidad y persecución. Es el mismo mensaje contenido en la exigencia de “comer su carne y beber su sangre” (6,35).
El lugar de Jesús (allí donde yo estoy) es el de la plenitud del amor que va a demostrar en la cruz, de donde brotará el fruto. El hombre libre creado por Jesús (8,32) es dueño de su vida y por eso puede darla como él. Posee su presente, y en cada ocasión puede entregarse al máximo. Eso precisamente significa “morir”: no en primer lugar perder la vida porque otros la arrebaten, sino ir entregándola como don libre de sí. Esa entrega va comunicando vida a otros y acrecentándola en el hombre mismo. Con esta actividad de amor, el discípulo se va haciendo “hijo de Dios”, y, aunque "el mundo" lo margine y le quite la honra, el Padre lo honrará acogiéndolo como a hijo suyo.

27-29 Ahora me siento fuertemente agitado; pero ¿qué voy a decir: “Padre líbrame de esta hora”? ¡Pero si para esto he venido, para esta hora! 28¡Padre, manifiesta la gloria de tu persona! Vino entonces una voz desde el cielo: «¡Como la manifesté, volveré a manifestarla!» 29A esto, la gente que estaba allí y la oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel».
Jesús ha desafiado a la institución judía, denunciando su injusticia, y su actitud va a costarle la vida. Ahora, el ser de Jesús se rebela ante la muerte que lo amenaza (me siento fuertemente agitado). Él es la vida, la antítesis de la muerte. Pero, además, la suya no va a ser una muerte natural, sino prematura, en la flor de la edad (8,57). Será efecto del paroxismo del odio y del máximo de la injusticia. Él, que ofrece amor y vida, se ve rechazado y condenado a muerte por los suyos. Su turbación nace del horror que siente el amor ante el odio.
Jesús rechaza la tentación de recurrir al Padre para obtener una intervención que lo saque de la situación crítica en que se encuentra (líbrame de esta hora); es la idea del Dios-solución, que permite esquivar la propia responsabilidad y escapar de las consecuencias de la propia actuación.
Jesús reacciona contra su estado de ánimo reafirmando su decisión de llevar a cabo su obra. Afirma que el sentido de su vida entera depende de “su hora”, que será la de su enfrentamiento final con el mundo homicida y la manifestación suprema de su amor al hombre. Su hora es la consecuencia y el coronamiento de toda su vida. Desde el principio la tenía presente (2,4).
Aparece aquí, muy real, la humanidad de Jesús. Hace su opción consciente en contra de su inclinación natural. No va a la muerte con la sonrisa en los labios; la empresa es muy seria y dolorosa. Pero en la paradoja de que el hombre de carne pueda amar hasta ese punto, brilla su gloria y la de Dios mismo. Su amor supera la debilidad de la carne.
Pide al Padre que manifieste su gloria, que es su amor fiel (1,14). Hasta ahora la ha manifestado en la obra de Jesús, ahora éste le pide que la manifieste en él una vez más, al afrontar la prueba final. La petición de Jesús al Padre es, al mismo tiempo, una petición por el pueblo, por la humanidad entera, pues de esa manifestación de amor-vida depende la salvación del mundo.
La respuesta del cielo confirma la actitud de Jesús. La bajada del Espíritu (1,32: bajar del cielo) fue la manifestación a Jesús del amor del Padre; ahora habrá una manifestación visible para todos, la nueva teofanía (volveré a manifestarla), el Hombre en la cruz de quien fluirá la vida (3,14s; 7,37-39).
La multitud reconoce la procedencia celeste de la voz. El término voz significa también “trueno” (Éx 19,16.19), y así lo interpreta una parte de los presentes. Para éstos es una manifestación divina sobrecogedora, y quizá amenazadora (trueno, cf. Sal 29,3ss); para otros, en cambio, es un mensaje de Dios a Jesús (ángel). Se perfila un contraste de actitudes entre el pueblo.

30-33 Replicó Jesús: «Esa voz no era por mí, sino por vosotros. Ahora hay ya una sentencia contra el orden este; ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera, pues yo, cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí». Esto lo decía indicando con qué clase de muerte iba a morir.
Jesús les interpreta lo sucedido. Era un mensaje, pero no estaba destinado a él, sino a ellos; la voz pretendía confirmarles su misión divina.
"El orden este", el sistema injusto, es el enemigo de Jesús y de sus discípulos (cf. 8,23). "Su jefe" personifica el círculo de poder, los dirigentes, mostrando el singular la común motivación y la unidad de intento; son los hijos y agentes del Enemigo (“el diablo”), del asesino y embustero (8,44), es decir, del dios-dinero instalado en el templo (8,20; cf. 2,16).
Jesús había venido para abrir un proceso contra el orden este (9,39). Ahora está ya dada la sentencia, pues la han dictado ellos mismos al negarse a aceptar a Jesús (3,19). Creyendo excluirlo, son en realidad ellos los que van a ser excluidos. Así, ante Dios, se invierten los papeles: los que creen juzgar, serán juzgados; los que pretenden expulsar, serán expulsados; los que piensan estar dentro, quedarán fuera.
El acto mismo de levantar a Jesús de la tierra, velada alusión a la cruz, sellará la sentencia del orden injusto y anunciará su ruina. Pero esa acción, en vez de representar la ignominia extrema, va a significar la máxima exaltación. En ese momento, que será el de la manifestación esplendorosa del amor de Dios al hombre, Jesús va a convertirse en centro que atraerá a los hombres (Os 11,4) a un nivel como el suyo, a una entrega como la suya, la del Hombre-Dios, para crecer hacia su plenitud.


COMENTARIO 4


--------------------------------------------------------------------------------

En medio de la aflicción que se siente al ver Jerusalén destruida y los judíos divididos entre los que se quedaron y fueron deportados, se oyen las palabras del profeta Jeremías como un canto al perdón y la esperanza. Con razón los expertos llaman a estos capítulos de Jeremías el «libro de la consolación». Dios quiere comenzar de nuevo con su pueblo, proponiendo sellar una «nueva alianza», que genere relaciones nuevas entre Dios y su pueblo. ¿Qué tipo de alianza? Una que ya no esté escrita en tablas sino en el corazón mismo del ser humano. Dios deja claro que no es la simple ley, por sí misma, sino su espíritu, lo que nos acerca a Dios. Cuando se tiene a Dios «en el corazón», la ley se humaniza, se desabsolutiza, se acata desde el corazón, sin legalismos, con sinceridad, y el ser humano entra a formar parte del pueblo de Dios. Con ello, el otro regalo que nos hace Dios es acceder gratuitamente a su conocimiento. No hay que pagar ni matrícula ni mensualidades, no hay que ser mayor o menor, ni de una raza u otra: Dios se revela en la historia de cada pueblo, sin discriminaciones, sin olvidar a ninguno.
La carta a los hebreos destaca las actitudes de Jesús en el cumplimiento de la voluntad del Padre. El pasaje recuerda la escena del huerto de los Olivos, cuando Jesús ora al Padre ante la posibilidad de ser librado de la muerte. La oración tuvo como efecto el fortalecer a Jesús para llevar a cabo su misión, no ahorrarle la realización de la misión. Los cristianos tenemos mucho que aprender en este sentido, pues, la mayoría de las veces, nuestras palabras más que oraciones o súplicas parecen órdenes dadas a Dios para que no se haga su voluntad. El texto nos acerca también al sufrimiento que asume Jesús como prueba de su obediencia a los designios del Padre. Oración y sufrimiento de Jesús son signos concretos de esta solidaridad que comparte con toda la Humanidad. Por este acercamiento tan perfecto a la voluntad del Padre es por lo que Jesús se convierte en manifestación de la presencia de Dios entre nosotros, camino y modelo de salvación abierto a todos los hombres y mujeres del mundo.
En el evangelio de Juan vemos a judíos -o convertidos al judaísmo- que vienen a Jerusalén con motivo de la fiesta pascual. En medio de la caravana aparecen algunos griegos que aprovechan para pedir a Felipe: «quisiéramos ver a Jesús». La pregunta no es «¿dónde está?», a lo que probablemente cualquiera les hubiera respondido con una información adecuada, sino una petición que va unida al deseo de la mediación de los discípulos para conocer personalmente a Jesús. Los discípulos son reconocidos por su cercanía al maestro y se convierten en mediadores, testigos y compañeros de camino para quienes quieren ver a Jesús. El hecho de que sean griegos quienes buscan a Jesús tal vez quiera ser un símbolo de universalidad del evangelio, pues «incluso los paganos buscan a Jesús». La ocasión es aprovechada para anunciar que el tiempo de las palabras y los signos está llegando a su fin, pues se acerca la «hora» del «signo» mayor: su pasión y muerte en la cruz para alcanzar la redención del mundo.
Jesús acude a una breve parábola. Sólo el grano de trigo que muere de mucho fruto. Esta brevísima parábola presenta una vez más, de otro modo, la lección fundamental del Evangelio entero, el punto máximo del mensaje de Jesús: el amor oblativo, el amor que se da a sí mismo, y que por ese perderse a sí mismo, por ese morir a sí mismo, genera vida.
Estamos ante una de las típicas «paradojas» del evangelio: «perder» la vida por amor es la forma de «ganarla» para la vida eterna (o sea, de cara a los valores definitivos); morir a sí mismo es la verdadera manera de vivir, entregar la vida es la mejor forma de retenerla, darla es la mejor forma de recibirla… «Paradoja» es una figura literaria que consiste en una «contradicción aparente»: perder-ganar, morir-vivir, entregar-retener, dar-recibir… Parecen dimensiones o realidades contradictorias, pero no lo son en realidad. Llegar a darse cuenta de que no hay tal contradicción, captar la verdad de la paradoja, es descubrir el evangelio.
Y estamos ante un punto alto de la revelación cristiana. En Jesús, se expresa una vez más el acceso de la Humanidad a la captación esta paradoja. En la «naturaleza», en el mundo animal sobre todo, el principal instinto es el de la autoconservación. Es cierto que hay mecanismos diríamos «altruistas» controlados hormonalmente para acompañar los momentos de la reproducción y la cría de la descendencia o para la defensa de la colectividad, pero no se trata verdaderamente de «amor», sino de instinto, un instinto puntual excepcional sobre el gran instinto de la autoconservación, que centra al individuo sobre sí mismo. La naturaleza animal está centrada sobre sí misma. Lo que pueda ser contrario a esta regla no es más que una excepción que la confirma.
El ser humano, por el contrario, se caracteriza por ser capaz de amar, por ser capaz de salir de sí mismo y entregar su vida o entregarse a sí mismo por amor. La humanización u hominización sería ese «descentramiento» de sí mismo, que es centramiento en los demás y en el amor. La parábola que estamos reflexionando expresa un punto alto de esa maduración de la Humanidad; tanto, que puede ser considerada como una expresión sintética de la cima del amor. En el fondo, esta parábola equivale al mandamiento nuevo: «Este es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros ‘como yo’ les he amado; no hay mayor amor que ‘dar la vida’» (Jn 15,12-13). Las palabras de Jesús tienen ahí también pretensión de síntesis; ahí se encierra todo el mensaje del Evangelio. Y en realidad se encierra ahí todo el mensaje religioso: también las otras religiones han llegado a descubrir el amor, la solidaridad… el «descentramiento» de sí mismo como la esencia de la religión. Jesús es una de esas expresiones máximas de la búsqueda de la Humanidad, y del avance de la presencia de Dios en su seno…

Si las semillas somos nosotros, ¿a qué debemos morir? Esta hora neoliberal que vive el mundo de hoy, aunque haya traído un notable avance en aspectos como la tecnología, la intercomunicación mundial, y hasta un notable desarrollo económico (tremendamente desequilibrado, por otra parte), no deja de ser un cierto «retroceso» en humanización: frente al pensamiento utópico, a las ideologías (en el sentido positivo de la palabra) que buscaban la «socialización» humana, la realización máxima posible de la solidaridad entre los humanos, el «centramiento» no en el individuo sino en la comunidad, en la colectividad, en la realización de una sociedad fraterna y reconciliada, tras el fracaso simplemente económico, militar o tecnológico de alguno de los sectores en conflicto, a acabado por imponerse la vuelta a una economía supuestamente «natural», descontrolada, sin intervención, dejada al albur de los intereses de los grupos, llegándose a proclamar que la persecución del propio interés sería la mejor manera de contribuir para el bien común [fisiocracia, Tableau de Quesnay…]. El neoliberalismo, con su programa de adelgazamiento del Estado, su disminución de los programas sociales y la proclamación de un mercado supuestamente «libre», ha vuelto a hacer de la sociedad humana una «ley de la selva», donde cada uno busca su propio interés incluso con la conciencia tranquila. Es la proclamación contraria al Evangelio, y contraria al mensaje de las religiones. Es una vuelta a la ley natural, animal. Afortunadamente hay cada vez más señales de que este eclipse de la solidaridad y este retroceso de hominización trasluce cada vez más su verdadera naturaleza, y la incorformidad surge por doquier. «Otro mundo es posible», a pesar del esfuerzo de la propaganda neoliberal por convencernos de que «no hay alternativa» y de que estamos en el «final (insuperable) de la historia»… Si, con el evangelio, creemos que no hay mayor amor que dar la vida, que la ley suprema es morir como el grano de trigo para dar vida, deberíamos comprometernos para que la sociedad se concientice sobre la necesidad de superar políticas económicas tan «naturales» y tan poco «sobrenaturales» como la actual política neoliberal.

Postdata crítica sobre el evangelio de Juan.
El evangelio de ese domingo y de estas semanas es el de Juan. Un evangelio bien diferente de los sinópticos. El último que se escribió. Un evangelio que refleja una reflexión y una elaboración teológica muy sofisticada, de difícil comprensión con frecuencia. El evangelio de la comunidad de Juan.
El Jesús que en este evangelio se refleja, el Jesús que discute con «los judíos» no es en absoluto el Jesús histórico. Todas esas frases lapidarias, solemnes, autoritativas, cuasidogmáticas… no son de Jesús. Han sido puestas por el evangelista en boca de Jesús para expresar la reflexión teológica que la comunidad ha elaborado…
En la predicación, en la catequesis, en el comentario bíblico, es muy fácil «no entrar en profundidades» y comentar sin más las palabras de Jesús «como si» de hecho fueran palabras directas, históricas. Pero hacer esto hoy día, no explicitar claramente al auditorio que se trata de reflexión teológica y que su significado no puede entenderse en directo según lo que la narración misma dice, es un error pastoral. Es el error de mantener al pueblo cristiano en la ignorancia de lo que los exégetas hace muchos años que afirman unánimemente. Es el error de presentar involuntariamente una imagen falsa del Jesús histórico: un Jesús que lo sabe todo, que no tiene psicología ni conciencia humana, porque una supuesta conciencia divina habría desplazado el núcleo interior de su ser humano… Si se interpreta como histórico el Jesús presentado por el evangelio de Juan caemos casi inevitablemente en la herejía monofisista (Jesús como solamente divino, no humano). Leer y proclamar o comentar el evangelio de Juan sin un comentario exegético mínimo, y dar como por supuesta una interpretación directa literal del mismo, es un flaco servicio a la fe del pueblo cristiano.
El asunto es largo, pero es bien conocido. Necesitamos hacer un esfuerzo de catequesis siempre que se proclame este evangelio, porque sin ella nuestro pueblo mantiene y confirma la visión de Jesús que fue clásica durante siglos en las Iglesias, pero que desde hace tiempo se ha evidenciado como inexacta, no histórica y peligrosa si no va acompañada de una aclaración hermenéutica.

Para la revisión de vida
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo. ¿Me resisto a dar vida y a dar la vida en las pequeñas cosas de cada día y en los grandes momentos de la vida? ¿He captado la ley evangélica es de dar la vida por amor? ¿Estoy dispuesto a aceptar esa «muerte» para vivir?


Para la reunión de grupo
- Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo. El grano de trigo ha de entregarse, enterrarse, perderse... para ser fecundo. La condición de la fecundidad es saber morir a muchas cosas. ¿Se puede encontrar en estas palabras de Jesús el fundamento cristiano de la mortificación, del ofrecer sacrificios a Dios para pedirle algo o simplemente para agradarle? ¿Por qué?
- El mensaje de esta pequeña parábola del grano de trigo, ¿es una «revelación única» del Evangelio, o ha sido revelada en otras religiones? ¿Es una verdad natural o revelada? ¿Puede el ser humano descubrirla por sí mismo? El mensaje que Jesús propone, ¿es una «revelación» venida de lo alto a la que nunca podríamos haber llegado si él no nos la hubiera manifestado?
- Encontrar textos o mensajes equivalentes a esta parábola [Jn 15, 12-13: nadie tiene mayor que dar la vida…; Mt 7, 12 y Lc 6, 31: la «regla de oro»; Lc 17,33: el que se guarde su vida la perderá…]. ¿Se trata de un principio moral simplemente o de un principio evangélico fundamental? ¿Por qué?
-Jeremías anuncia que llegará un tiempo (escatológico) en el que la ley de Dios no será un código externo al que haya que someterse, sino que estará en el corazón mismo del ser humano… Encontrar paralelos de esta visión profética neotestamentaria. [La letra y el espíritu de la ley…].

Para la oración de los fieles
-Por la Iglesia, para que sea portadora de esperanzas, en medio de la desesperanza, roguemos al Señor...
-Para que en este tiempo de cuaresma sepamos romper las cadenas que nos atan a una vida cómoda y sin compromiso, confiados en el crucificado que hoy, resucitado, es nuestro compañero de camino, roguemos al Señor...
-Por todos nosotros que estamos reunidos aquí, para que nos concienciemos, de la necesidad del testimonio de la entrega de la propia vida, roguemos al Señor...
-Por nuestra comunidad, para que en un testimonio colectivo de servicio, de fe y de compromiso muestre al mundo que el amor y la vida vencen el odio y la muerte, roguemos al Señor...
-Para que las Iglesias cristianas se descentren de sí mismas, eviten concentrarse en sus problemas y en su propio bienestar, y estén dispuestas a desvivirse por el bien de los hijos e hijas de Dios, roguemos al Señor…

Oración comunitaria
Dios Padre-Madre Nuestro, te pedimos que nos mantengas nuestra fe, nuestra caridad, y sobre todo nuestra esperanza, para que nos comprometamos crecientemente en hacer crecer la vida, aunque para ello debamos entregar la nuestra cada día. Que con ello podamos acelerar la llegada de tu Reino de Justicia, Paz y Solidaridad. Te lo pedimos en nombre de Jesucristo nuestro hermano mayor. Amén.

o bien:

Dios todobondadoso: en Jesús nuestro hermano mayor vemos realizado el ejemplo del grano de trigo que se entregó a sí mismo y supo dar la vida por amor. A nosotros que nos confesamos seguidores de su misma actitud ante la vida, ayúdanos a reproducir en nuestra existencia su entrega generosa, creadora de vida y de fecundidad. Por el mismo Jesucristo nuestro hermano mayor.

Auda Martel
06-04-2003, 17:30
Gracias por tu respuesta, Copiador, yo también tengo cierta idea de haber leído en alguna ocasión que Judas era zelote (y otro apóstol más, que ahora no recuerdo). Pero el Zelote por definición era Simón.

He revisado el Nuevo Testamento canónico, el Testamento Nuevo apócrifo, y fuentes judías que dan nombres para los seguidores de Jesús y he encontrado lo siguiente:

- LOS TRECE DISCÍPULOS O APÓSTOLES EN MARCOS [2:14 Y 3:14FF]:
Levi, hijo de Alfeo, un recaudador de impuesto
Simón, después llamado Pedro
Santiago, hijo de Zebedeo
Juan, hijo de Zebedeo
Andrés
Felipe
Bartolomé
Mateo
Tomás
Santiago, hijo de Alfeo
Tadeo, o Lebeo o Dadeo (manuscritos discrepan sobre el nombre)
Simón el Cananeo
Judas Iscariote

- LOS TRECE O MÁS APÓSTOLES-DISCÍPULOS EN LUCAS [5:27FF Y 6:12FF] :
Levi, o Levi hijo de Alfeo, un recaudador de impuesto
Simón, a quien se dio el nombre de Pedro
Andrés
Santiago
Juan
Felipe
Bartolomé, o Martolomé
Mateo
Tomas, o Tomas el Gemelo
Santiago, hijo de Alfeo
Simón, llamado el Zelote
Judas, hermano de Santiago
Judas Iscariote

- LOS SIETE U OCHO DISCÍPULOS EN JUAN [1:40, 1:42, 1:44FF, 6:71, 11:16, 12:22, 20:2] :
Andrés (hermano de Simón Pedro) y otro sin nombre
Simón, el hijo de Juan (o Jonah), para ser llamado Kefas (interpretado como " Piedra"), (los manuscritos discrepan sobre el padre de Simón)
Felipe
Natanael
Judas el hijo de Simón Iscariote(o Simón de Kariote) (los manuscritos discrepan sobre el nombre)
Tomas el Gemelo
Judas no Iscariote
"El otro discípulo, a quien Jesús amaba."

- LOS CUATRO O CINCO DISCÍPULOS EN TOMAS [PRÓLOGO, 13:2-4, 21:1, 61:2-4] :
Didimos Judas Tomas
Simón Pedro
Mateo
María (seguramente no un discípulo)
Salomé

- LOS CINCO DISCÍPULOS EN EL TALMUD BABILONIO (SANEDRÍN 43A):
Matai
Naqai
Netser
Buni
Toda

- LOS DOCE APÓSTOLES EN MATEO [10:2]:
Simón, llamado Pedro
Andrés
Santiago, hijo de Zebedeo
Juan, hijo de Zebedeo
Felipe
Bartolomé
Tomas
Mateo, el recaudador de impuesto
Santiago, hijo de Alfeo
Lebeo, o Lebeus, o Tadeo, o Lebeo apodado Tadeo, o Tadeo apodado Lebeo (los manuscritos discrepan sobre el nombre)
Simón el Cananeo
Judas Iscariote

- LOS SIETE DISCÍPULOS EN EL EVANGELIO DE EBIONITES [EPIPHANIUS ADVERSUS HAESESES I 30:13]:
Simón, apellidado Pedro
Juan, hijo de Zebedeo
Santiago, hijo de Zebedeo
Andrés
Tadeo
Simón el Zelote
Judas Iscariote

- TRES DISCÍPULOS QUE PERMANECEN EN EL EVANGELIO DE PEDRO [14:1-3] :
Simón Pedro
Andrés
Levi, hijo de Alfeo

_________________________________________________________________________________________________________


Sólo el evangelio de Mateo da exactamente doce nombres, el resto de las fuentes fluctúan en número entre tres a trece.

Me pregunto: ¿Porqué entonces se ha afirmado tan categóricamente que fueron doce?. Estas ausencias de coincidencias siempre me han hecho buscar respuestas que no encuentro.

Un saludo,

Razón
07-04-2003, 17:48
Lo mismo que un árbol tiene una sola raíz y múltiples ramas y hojas, también hay una sola religión verdadera y perfecta, pero diversificada en numerosas ramas, por intervención de los hombres.

Gandhi.

<ELIZABETHMM>
10-04-2003, 21:20
El arbol no tiene una sola raiz, tiene un solo tronco y muchas ramas.

<Buf!>
11-04-2003, 10:43
Un árbol tiene una sola raíz que puede estar diversificada o "racimada" (si tiene más son más árboles) un tronco o varios y muchas ramas (excepto si lo podaron)
¿Nunca salió al campo a comprobarlo?
Pues hágalo señora... si no padece alergia...

Latin Chat - Tarjetas Postales - Juegos para Descargar