<Venezuela>
11-12-2002, 16:05
Lo mejor que nos ha pasado
'Esta noche el Gloria al Bravo Pueblo suena tan real, tan contundente, tan sabedor que ha de ser él quien al yugo lanzará' PUBLICIDAD
Antonio Cova Maduro
ATOSIGADA DE RUMORES avanza la noche del domingo, día de la Inmaculada Concepción. La curiosidad del periodista que hay en uno y la perentoria necesidad de ver la expresión del modo de ser venezolano en situación de emergencia, que me impone el 'savoir' sociológico que hace bastante tiempo asumí ('Si volviera a nacer y tuviese que decidir qué ser, sin vacilar escogería: ¡sociólogo! como lo soy ahora', digo siempre a mis alumnos) me interesó el comentario que me hizo una marchista: 'No deje de ir a vernos en Las Palmas cualquier noche de éstas...' Llego allí a eso de las 7:55 pm. Ya Unión Radio informa del 'cacerolazo' por doquier, sobre todo por la zona de la Candelaria. En Las Palmas comienzan a salir de los edificios quienes van a reunirse y marchar, pero la noticia sobre el Centro de Caracas es demasiada golosina como para dejarla pasar. Me enrumbo hacia esa zona por la Andrés Bello. Los cacerolazos ya retumban en San Bernardino y con el interés de acercarme hasta la Av. Panteón, que comunica a esa urbanización con la Parroquia San José, me enfilo por las oscuras calles que allá me conducirán. El sonido ya es ensordecedor, como lo será por la Av. Fuerzas Armadas Norte, que va directo a la Panteón.
Cantidad de gente con banderas que ondean rítmicamente, pitos y cuanto implemento sonoro de su cocina tienen a mano, se van agrupando en la calle. Súbitamente, lo que podría ser un incidente callejero les dispersa, pero rápido se vuelven a congregar. Cuando a los diez minutos sale la marcha, vía la Biblioteca Nacional, decido partir a otro rumbo.
Al descender de nuevo hacia la Av. Andrés Bello decido pasar por la zona de la Cruz Roja, por la caraqueña esquina de Venus. Allí ya se congregan cientos de personas, sólo esperan por un líder de marcha que, micrófono en mano, les dirigirá... como todas estas noches, me informan. Sigo dos cuadras más y, justo en la esquina de arriba de la Clínica Razetti, doblo para dirigirme hacia la estación Bellas Artes del metro. El revuelo frente a ella me dice que algo está sucediendo por esa zona. Al doblar veo lo que es. Ya frente al Liceo Andrés Bello se desplaza el cacerolazo rodante, esa nueva y sensacional forma de protesta caraqueña. Estaciono mi carro luego de seguirles por una cuadra y me uno a ellos. Dos cuadras antes de la iglesia Corazón de Jesús se adentrarán en el corazón de la Candelaria, por la esquina de Perico, creo. Desde los edificios, el cacerolazo es atronador.
Más y más gente, familias enteras, se van incorporando. El grueso, empero, son los jóvenes: la protesta civil ya está en sus manos y en su impaciente pasión. Sonó ya la hora de la 'demokratura', que amenazaba con instalarse definitivamente en esta 'tierra de hombres libres', como la llamaron nuestros libertadores.
Doblan a la izquierda, pasan al lado de Beco centro y se enfilan hacia la Av. Urdaneta. Ya es una marcha en forma, una más de las cientos que por Caracas se desparraman incontenibles y a la que aderezan 'olas' continuas. A su cabeza, hombres y mujeres jóvenes con grandes banderas. Nunca había sido tan querido este símbolo tan manoseado, tan de uno...
Los primeros llegan ya a la Urdaneta. Un alumno me saluda y me explica cómo crece noche a noche. Negocios de comida y entretenimiento abiertos en esas cuadras que conducen hasta la plaza Candelaria. Hago, entonces, otro descubrimiento: al Paro Cívico Nacional ya le es irrelevante que un negocio u otro abran sus puertas. ¿Oyó, amiga María Cristina, que ya no es cuestión de porcentajes, sino de la determinación de la gente que, día a día, cuenta las horas para que la noche llegue?
La zona me resulta familiar. Hace muchos años, en la década de los 70, trabajé por allí. Sé, además, que el gobierno se apropió de algunos edificios de los bancos causantes de la debacle financiera de los '90, pero lo que menos imaginaba era que, de sopetón, estaría frente al 'Ministerio del Interior y Justicia'. Allí, solo, vetusto, sin un guardia nacional, ni policía que lo cuide, sin cara que se asome por cualquier ventana viva representación de lo íngrimo del chavismo moribundo recibe a invitados inesperados, quienes ya se han detenido y comienzan mil, y más y más voces: '¡Asesinos! ¡Asesinos!'. Esas voces sólo cesarán cuando se inicie, estentóreo, el 'Gloria al Bravo Pueblo', que esta vez suena tan real, tan contundente el que ha de ser él quien 'al yugo lanzará', porque ya no hay 'ley que sea respetada'.
En eso, con la mirada dirigida hacia la plaza, apenas cuadra y media más allá, en dirección Este, viene otra marcha que se unirá a ésta para formar un río humano, un torrente en territorio que Chávez y los suyos pretendían.
A su cabeza, siempre, los jóvenes y un liderazgo local, como los veré más tarde en la Av. Victoria rebautizada con su nombre original, por razones obvias que esta noche cierran la avenida y luego en la plaza de Colinas de Bello Monte. De todas sus gargantes sólo brota una demanda: ¡que se vaya! Se te agotó el tiempo y la nación entera no volverá a la paz hasta que 'no te hayas ido'...
'Esta noche el Gloria al Bravo Pueblo suena tan real, tan contundente, tan sabedor que ha de ser él quien al yugo lanzará' PUBLICIDAD
Antonio Cova Maduro
ATOSIGADA DE RUMORES avanza la noche del domingo, día de la Inmaculada Concepción. La curiosidad del periodista que hay en uno y la perentoria necesidad de ver la expresión del modo de ser venezolano en situación de emergencia, que me impone el 'savoir' sociológico que hace bastante tiempo asumí ('Si volviera a nacer y tuviese que decidir qué ser, sin vacilar escogería: ¡sociólogo! como lo soy ahora', digo siempre a mis alumnos) me interesó el comentario que me hizo una marchista: 'No deje de ir a vernos en Las Palmas cualquier noche de éstas...' Llego allí a eso de las 7:55 pm. Ya Unión Radio informa del 'cacerolazo' por doquier, sobre todo por la zona de la Candelaria. En Las Palmas comienzan a salir de los edificios quienes van a reunirse y marchar, pero la noticia sobre el Centro de Caracas es demasiada golosina como para dejarla pasar. Me enrumbo hacia esa zona por la Andrés Bello. Los cacerolazos ya retumban en San Bernardino y con el interés de acercarme hasta la Av. Panteón, que comunica a esa urbanización con la Parroquia San José, me enfilo por las oscuras calles que allá me conducirán. El sonido ya es ensordecedor, como lo será por la Av. Fuerzas Armadas Norte, que va directo a la Panteón.
Cantidad de gente con banderas que ondean rítmicamente, pitos y cuanto implemento sonoro de su cocina tienen a mano, se van agrupando en la calle. Súbitamente, lo que podría ser un incidente callejero les dispersa, pero rápido se vuelven a congregar. Cuando a los diez minutos sale la marcha, vía la Biblioteca Nacional, decido partir a otro rumbo.
Al descender de nuevo hacia la Av. Andrés Bello decido pasar por la zona de la Cruz Roja, por la caraqueña esquina de Venus. Allí ya se congregan cientos de personas, sólo esperan por un líder de marcha que, micrófono en mano, les dirigirá... como todas estas noches, me informan. Sigo dos cuadras más y, justo en la esquina de arriba de la Clínica Razetti, doblo para dirigirme hacia la estación Bellas Artes del metro. El revuelo frente a ella me dice que algo está sucediendo por esa zona. Al doblar veo lo que es. Ya frente al Liceo Andrés Bello se desplaza el cacerolazo rodante, esa nueva y sensacional forma de protesta caraqueña. Estaciono mi carro luego de seguirles por una cuadra y me uno a ellos. Dos cuadras antes de la iglesia Corazón de Jesús se adentrarán en el corazón de la Candelaria, por la esquina de Perico, creo. Desde los edificios, el cacerolazo es atronador.
Más y más gente, familias enteras, se van incorporando. El grueso, empero, son los jóvenes: la protesta civil ya está en sus manos y en su impaciente pasión. Sonó ya la hora de la 'demokratura', que amenazaba con instalarse definitivamente en esta 'tierra de hombres libres', como la llamaron nuestros libertadores.
Doblan a la izquierda, pasan al lado de Beco centro y se enfilan hacia la Av. Urdaneta. Ya es una marcha en forma, una más de las cientos que por Caracas se desparraman incontenibles y a la que aderezan 'olas' continuas. A su cabeza, hombres y mujeres jóvenes con grandes banderas. Nunca había sido tan querido este símbolo tan manoseado, tan de uno...
Los primeros llegan ya a la Urdaneta. Un alumno me saluda y me explica cómo crece noche a noche. Negocios de comida y entretenimiento abiertos en esas cuadras que conducen hasta la plaza Candelaria. Hago, entonces, otro descubrimiento: al Paro Cívico Nacional ya le es irrelevante que un negocio u otro abran sus puertas. ¿Oyó, amiga María Cristina, que ya no es cuestión de porcentajes, sino de la determinación de la gente que, día a día, cuenta las horas para que la noche llegue?
La zona me resulta familiar. Hace muchos años, en la década de los 70, trabajé por allí. Sé, además, que el gobierno se apropió de algunos edificios de los bancos causantes de la debacle financiera de los '90, pero lo que menos imaginaba era que, de sopetón, estaría frente al 'Ministerio del Interior y Justicia'. Allí, solo, vetusto, sin un guardia nacional, ni policía que lo cuide, sin cara que se asome por cualquier ventana viva representación de lo íngrimo del chavismo moribundo recibe a invitados inesperados, quienes ya se han detenido y comienzan mil, y más y más voces: '¡Asesinos! ¡Asesinos!'. Esas voces sólo cesarán cuando se inicie, estentóreo, el 'Gloria al Bravo Pueblo', que esta vez suena tan real, tan contundente el que ha de ser él quien 'al yugo lanzará', porque ya no hay 'ley que sea respetada'.
En eso, con la mirada dirigida hacia la plaza, apenas cuadra y media más allá, en dirección Este, viene otra marcha que se unirá a ésta para formar un río humano, un torrente en territorio que Chávez y los suyos pretendían.
A su cabeza, siempre, los jóvenes y un liderazgo local, como los veré más tarde en la Av. Victoria rebautizada con su nombre original, por razones obvias que esta noche cierran la avenida y luego en la plaza de Colinas de Bello Monte. De todas sus gargantes sólo brota una demanda: ¡que se vaya! Se te agotó el tiempo y la nación entera no volverá a la paz hasta que 'no te hayas ido'...