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Fernberg 17-03-2007 04:52

La iglesia católica
 
Vaya por delante que mi crítica no es contra los creyentes sinceros, los no hipócritas, los que viven la religión desde la verdad. Todos estos espero que entiendan que el contenido de este mensaje no está dedicado a ellos. Simplemente me limito a criticar todo aquello que me molesta de la iglesia católica, por ejemplo, la pederastia, las violaciones de novicias africanas por sacerdotes, el enriquecimiento del clero ante la pobreza, la mojigatería y la hipocresía.

El escándalo y el anacronismo de las falsas religiones es algo que está en el corazón del mundo civilizado y que, con gran proclividad, ha ido encauzándose y perpetuando dentro del mundo de la idolatría y de la superstición en el campo del cristianismo.

Podríamos meter en el mismo cesto a muchas confesiones entre las que, singularmente, destaca la católica con su liturgia romana y sus excrecencias populares: milagros y apariciones, medallas y rosarios, pan bendito, cirios, anillos de amatista, estigmas, grandes misas y bendiciones de montería... es una solemne payasado en donde no se divisa más que irracionalidad, superchería, mojigatería, zalemas y sulpiciadas.

Entre un hechicero papú y un obispo o dignatario, en plena exposición con todo su colgadizo, encontramos montones de analogías. Tal vez la balanza se inclina a favor del brujo pues si comparamos el tam tam con las procesiones, son más de perdonar las prácticas fetichistas de los pueblos subdesarrollados que las peregrinaciones y romerías occidentales con todas sus ciencias y adelantos.

En medio de los falsos cristianos, dentro de los emperifollados y disfrazados sistemas religiosos, se encuentra, atrincherado y a la cabeza, el impresionante y deslumbrante cristianismo católico que es, virtualmente, una religión politeísta: igual invocan a Jesucristo y a sus cientos de vírgenes, que a todos y cada uno de sus innumerables santos.

A lo largo de esta exposición iré dando respuestas oportunas y cabales para llegar a descubrir, con patente evidencia, toda la trama que sirve de sostén a este conjunto católico romano. Al mismo tiempo intentaré desarrollar, con sólidas estructuras y adecuadas herramientas, mi alegato para darnos cuenta de la poca base que tienen los argumentos sobre los que se apoya toda esa máquina descomunal que se llama la Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana.

Continuará...

Fernberg 24-03-2007 06:59

Los Diez Mandamientos
 
Siguiendo con mi argumentación y razonamiento presentaré dos tablas diferentes de los Diez Mandamientos de la ley de Dios, una dada por las Sagradas Escrituras, que figura en todas aquellas Biblias que han sido traducidas honestamente, y otra que es la que nos ha hecho tragar la iglesia católica.

Los Diez Mandamientos auténticos

Yo soy Jehová tu Dios:
1. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
2. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
3. No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.
4. Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.
5. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
6. No matarás.
7. No cometerás adulterio.
8. No hurtarás.
9. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
10. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Los Diez Mandamientos según la iglesia católica

Yo soy el Señor Dios tuyo:
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No hurtarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No desearás la mujer de tu prójimo.
10. No codiciarás los bienes ajenos.

Dejando aparte la simplificación que ha hecho la iglesia católica (que me parece lógica en aquellos casos en que no se altera el sentido) quiero destacar que la institución romana:

- suprime por las buenas el 2º mandamiento;
- el 7º (que con la supresión del 2º pasa a 6º) lo cambia sustancialmente;
- el 10º lo desglosa en dos para que le siga saliendo la cuenta de los diez;
- inventa, por tanto, el 9º y el 10º de su nueva serie;
- el 5º, que pasa a 4º, lo cercena, quitándole la promesa;
- es decir, que manipula, suprime y desvirtúa hasta cinco mandamientos (el 50 % de la tabla.

Fernberg 24-03-2007 07:25

Supresión total del 2º mandamiento
 
El 2º mandamiento, según la ley de Dios, en su parte esencial dice así:

"No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás." (Éxodo 20:4-5).

Al suprimir la iglesia católica este mandamiento, resolvió de un solo plumazo y para siempre el obstáculo que se oponía al rentable y maniático culto que se rinde a las imágenes, que con tanta frecuencia y gran ostentación se viene desarrollando en los templos y en los domicilios particulares de los católicos.

El culto y la veneración que se tiene a la Virgen María llega a cotas insospechadas en distintas geografías, en riqueza de adornos, en adoraciones fanáticas, en monumentos y romerías que son una verdadera idolatría, etc., etc. Yo no digo que no sea muy hermoso, pero lo que está claro por el 2º mandamiento es que ¡no se puede hacer! Y no se puede hacer por la única y sencilla razón de que Dios nos lo prohíbe.

La Virgen María, la madre de Jesús, fue sin lugar a dudas una mujer fiel, extraordinaria y maravillosa; a quien, precisamente por serlo, debe repugnar con toda seguridad todo este montaje que se ha levantado a su alrededor, contraviniendo las leyes del Sumo Hacedor.

Jesús no quiso mezclar en ningún momento a la Virgen María con los asuntos de su Padre, y con ello dejaba bien claro y patente que su madre en la tierra nada tenía que ver con la divinidad. Y, por tanto, los dogmas marianos, el título de reina del cielo, mediadora entre Dios y los hombres, etc., carecen de sentido. La iglesia católica ha llegado a decir que peticiones formuladas directamente a Jesucristo con resultado negativo se han visto, por el contrario, atendidas haciéndolas a través de María. Sin comentarios.

Para saber dónde hay que colocar exactamente a María basta con examinar las palabras que pronuncia Jesús desde la cruz a su discípulo amado: "He ahí tu madre." Esta era realmente la voluntad de Jesucristo: que nosotros, la humanidad, considerásemos y amásemos a María como a nuestra madre y naturalmente la honrásemos con la máxima devoción que se puede tener a una madre, que no es poco. Lo demás son sentimentalismos excesivos, que si son verdaderamente serios, quedan reservados únicamente al propio Dios.

Este culto idolátrico también lo extiende la iglesia católica a los santos en una forma casi increíble:

- devoción a San José (los siete domingos, novena y mes),
- devoción al Ángel de la Guarda (novena y misa),
- devoción a las almas del purgatorio (novena, misa y responso de difuntos),
- los trece martes en honor a San Antonio de Padua,
- oración a San Luis Gonzaga (los seis domingos),
- los cinco domingos a las llagas de San Francisco de Asís,
- novena de la gracia (San Francisco Javier),
- súplicas a Santa Teresa de Jesús,
- oraciones propias de los santos (San Antonio Abad, San Sebastián, San Francisco de Sales, San Blas, Santo Tomás de Aquino, San Benito, San Isidro Labrador, etc., etc.)
- oración a Todos los Santos (que nada tienen que ver con las propias).

El culto y devoción a la imagen de San Antonio ha llegado a niveles elevadísimos, ha batido todos los récords. En algún templo tienen la imagen repetida y en algunas sacristías existen recambios y stocks que hacen palidecer.

Yo creo que queda clara cuál es la voluntad de Dios a este respecto, y que el 2º mandamiento no puede suprimirse de un plumazo bajo ningún concepto.

Fernberg 24-03-2007 07:39

Cambio sustancial del 7º mandamiento
 
Lo llamaremos 6º para entendernos mejor, porque sobre este número se ha escrito mucho, se ha gastado mucha tinta y de distintos colores.

El mandamiento decía literalmente: "No cometerás adulterio." La intención de Dios era muy clara, quizá demasiado clara: no se podía ir con la mujer de otro. No había ninguna intención sexual. Se seguía la línea del conjunto. No se podía ir con la mujer de otro porque con esto se perjudicaba al prójimo.

Pero, amigo, esto a la iglesia católica no le interesaba. La iglesia católica tenía ya preparado otro mandamiento, el 9º como veremos a continuación, donde iba a decir claramente que no se podía desear la mujer de otro. Aquí en el 6º había que aprovechar para meter algo más gordo. Había que introducir los actos impuros en algún apartado, porque es que realmente ¡no estaban! No hubo ningún inconveniente, la cosa era muy sencilla: cambiar "adulterio" por "actos impuros". Y así nació el 6º mandamiento católico: "No cometerás actos impuros."

"El séptimo mandamiento bíblico -"No adulterarás"- contiene una instrucción bien clara y concreta: no cometer adulterio, eso es no violar la fidelidad sexual conyugal. Pero la Iglesia católica quiso ser más exigente que el propio Dios y modificó su voluntad ordenando, en el famoso y patológico sexto mandamiento: "No cometerás actos impuros." Mientras el Dios bíblico sólo proscribió el mantener relaciones sexuales fuera del propio matrimonio, la Iglesia católica, obsexa hasta la maldad, convirtió en algo horrible todo lo relacionado con la sexualidad humana." (Mentiras fundamentales de la Iglesia católica, de Pepe Rodríguez, páginas 330 y 331).

Fernberg 24-03-2007 08:06

Invento del 9º mandamiento
 
A la iglesia católica, por lo visto, no le salieron las cuentas al suprimir el 2º mandamiento, de modo que tuvo que añadir un 9º mandamiento que no existía. Esto lo hizo a base de coger el 10º mandamiento original, que decía:

"No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo." (Éxodo 20:17).

...y desmenuzarlo de la siguiente forma: en el 9º colocó lo de la mujer (que era el 2º concepto) y en el 10º metió todo el resto: casa, siervo, criada, buey, asno y cosa alguna; y todo esto lo unificó en un solo concepto de "bienes ajenos".

Entonces los dos nuevos mandamientos quedaron redactados así:

9º No desearás la mujer de tu prójimo.
10º No codiciarás los bienes ajenos.

La intención del verdadero legislador apuntaba como siempre a un mismo fin: respeto total al prójimo, sin ninguna intención sexual. Pero a la iglesia católica le convino mucho más aislar a la mujer en un 9º mandamiento, echándole de comer aparte.

Como vemos, los Diez Mandamientos en su versión original no perseguían más que una sola finalidad: Adorar al Dios único y amar al prójimo. En ningún sitio, lo vuelvo a repetir, se puede encontrar o imaginar una intención de tipo sexual o erótica. En el 6º había la simple prohibición de irse con la mujer del prójimo: no adulterar. Pero la iglesia católica logró introducir sexo en el 6º y el 9º mandamientos por el procedimiento ya explicado.

Cuando se hizo la traducción de la Vulgata en 1884, no se atrevieron a establecer este desglose descarado, y se limitaron a poner dos puntos después del primer concepto, con objeto de que la serie de sumandos empezara en la mujer y así, por lo menos, darle a ésta la categoría del primer sumando. Y para resaltarlo más, el verbo desear se aplicó a partir de este nuevo primer sumando, reservándose el codiciar sólo para la casa. Observen con qué sutileza está redactado el 10º en la edición de la Vulgata del año 1974:

10º No codiciarás la casa de tu prójimo: ni desearás su mujer, ni esclavo, ni esclava, ni buey, ni asno, ni cosa alguna de las que le pertenecen.

Esta rara astucia no fue más que un simple detalle porque en realidad sí se atrevieron a prohibir bajo pena de excomunión que se leyese o simplemente se tuviese una Biblia en casa.

Mientras tanto han ido propagando su versión del 6º y del 9º distribuyéndolos en los colegios, institutos y universidades, historias sagradas y sermones. Saliendo por una parte de un simple adulterio y por otra de una casita, una mujer, un siervo, una criada, un buey, un asno, cosa alguna, se llega inexorablemente a la "impureza", tanto en deseos como en actos.

Esto es simplemente la teoría; la práctica se puede encontrar en el libro titulado El sexo en la confesión, publicado por Marsilio Editori (Il sesso in confessionale), en el cual todo es miseria y podredumbre, y donde, al leerlo, uno se da cuenta, a través de las obsesiones y contradicciones de los confesores, de la imprecisión y falsedad de la institución romana.

Parece como si la iglesia católica tuviese una verdadera obsesión por el tema sexual. Recuerdo unas manifestaciones de Juan Pablo II en las que decía que en el otro mundo los hombres y las mujeres conservarían el sexo pero no podrían utilizarlo. Creo que hubiese sido más interesante que el entonces papa, con todos los respetos, nos hubiese dicho cómo y cuándo podemos utilizarlo aquí, en la tierra.

Fernberg 25-03-2007 08:09

¿Y qué dice Jesucristo sobre el sexo?
 
Jesucristo, como es natural, habló muy poco sobre este tema. Pero las pocas palabras que dijo son suficientes para poder saber por dónde iban los tiros, y ver que estaba esencialmente en la línea del Antiguo Testamento.

Cuando le preguntaron si era lícito repudiar a las mujeres, dijo tajantemente que no. Además ahí aprovechó para darnos una definición clara y matizada de lo que es el adulterio: "Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio." (Marcos 10:12). Esta es una buena definición. No se puede uno casar con una mujer, tener hijos con ella, etc., y después dejarla y marcharse con otra. Y viceversa. No se puede hacer daño tan descaradamente al prójimo. Está claramente en la línea de los Diez Mandamientos. Hizo una sola salvedad: "salvo por causa de fornicación" (Mateo 19:9). Es decir, que si tu cónyuge te pone los cuernos, sí te puedes divorciar; como es lógico, pues en este caso es imposible formar una familia estable.

Siguiendo el hilo de la contestación de Jesús, lo más interesante es una coletilla que agregó a esta contestación. Al ver que se formulaban ciertos susurros entre sus discípulos a propósito de lo del divorcio, en el sentido de que si las cosas están así no merecía la pena casarse, Jesús añadió: "No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba." (Mateo 19:11-12).

A Jesús se le brindó una ocasión para decir algo sobre sí mismo y la aprovechó. Era indudable que él se había hecho eunuco a sí mismo por causa del reino de los cielos. Pero, señores, ¿quién hay que posea el don además de Jesucristo? ¡Nadie! Eunucos de nacimiento, sí hay muchos, pero eunucos por causa del reino de los cielos, ninguno. Aspirantes, algunos.

A todos los sacerdotes católicos que han aceptado el celibato los podemos dividir en tres grupos claramente diferenciados:

Primer grupo. Un 60 % de los sacerdotes romanos son eunucos de nacimiento (el celibato católico es un auténtico refugio para esta clase de personas).

Segundo grupo. Un 25 % de los sacerdotes son homosexuales (con qué cautela se mueve en los colegios esta insaciable vorágine).

Tercer grupo. Un 15 % de los sacerdotes son hombres de verdad.

Del tercer grupo no llega prácticamente a feliz puerto ninguno: unos se echan una amante, otros se defienden como pueden, otros aquí caigo aquí me levanto, otros acaban en manos de psiquiatras (o por lo menos deberían estarlo) y finalmente hay unos cuantos que cuelgan los hábitos y abandonan el sacerdocio (de estos últimos conozco un caso muy cercano).

A Jesucristo sólo se le puede clasificar en el tercer grupo. Le gustaban muchísimo las mujeres, ¡como al que más! (afirmar lo contrario sería insultarle) ¡Era más hombre que ninguno! Pero además era Dios y por tanto ¡poseía el don!

Cuando le presentaron a la mujer adúltera para que la juzgara, vemos muchas caras conocidas entre los allí presentes, reconocemos a muchos sacerdotes, obispos y cardenales que no habrían podido tirar la primera piedra. Solamente Jesucristo estaba capacitado para tirarla, sólo él podía hacerlo, y sin embargo no la tiró.

Jesucristo dejó bien claro a través de su importantísima y elocuente coletilla y de la historia de la mujer adúltera: que él no pertenecía ni al primer ni al segundo grupo, que pertenecía al tercero y que además poseía el don, que sentía compasión de la miseria humana, y que en cierto modo perdonaba.

Jesucristo sabe, mejor que nadie, que la carne es débil, que el acto 100 % natural y espontáneo entre un hombre y una mujer está creado por Dios y que no puede ser esencialmente malo, y únicamente está prohibido cuando se comete adulterio.

Con todo ello se ha creado una respuesta bíblica coherente de la sexualidad humana considerada como un aspecto de la vida, que ha de situarse adecuadamente en el contexto de la persona total y de la vida humana en su conjunto y con todas las relaciones y responsabilidades.

Fernberg 25-03-2007 08:22

5º mandamiento
 
Da mucha pena que la iglesia católica no recoja en su correspondiente 4º mandamiento la promesa que nos hizo Dios de este tan dulce y agradable escalón de la ley.

Es el primer mandamiento que nos obliga a cumplir un deber para con el hombre. Pero además, ¡qué deber tan maravilloso: honrar a nuestro padre y a nuestra madre! A los seres que nos han precedido y nos han engendrado sobre la tierra. Que nos han dado la vida. Y entonces, y sólo entonces, como consecuencia de amarlos, de amar a quienes nos han dado la vida, se nos alarga la misma vida. Este amor fortalece la vida familiar, augurando una estabilidad del individuo y de la sociedad.

La bendición de Dios reposa sobre la observancia de esta regla, y produce todas estas consecuencias y efectos tan maravillosos que acabo de describir. Es el único mandamiento de la ley de Dios que va acompañado de una promesa por parte de Dios.

Pues bien, llegó Pío X con su famoso Catecismo Mayor, agarró unas tijeras así de grandes y nos cortó la promesa. Solamente interesa honrar a los padres.

Fernberg 25-03-2007 08:32

El hombre que se pronuncia célibe a sí mismo y se reconoce, por tanto, en posesión del don es, además de falso e inexacto, un insolente orgulloso. Cualquier individuo normal debe confesarse perpetuamente pecador e inhábil o incapaz para poder autosometerse y poseer el don (y de esto no se escapa ni el inmaculado y virgíneo mismísimo papa). Sólo Dios, encarnado en la persona de nuestro Señor Jesucristo, puede poseer el don; todo lo demás es pura invención, entelequia y sueños dorados.

En lo concerniente a los Diez Mandamientos, tal y como figuran en las Sagradas Escrituras, son de un sentido común, de una humanidad y de una lógica tan aplastantes que es indiscutible su origen divino así como también su subsistencia realista incuestionable, en contraposición a la mutilada y adulterada "ley de Dios" que recomienda y distribuye la iglesia católica, que es un auténtico aborto finamente sazonado y bien rebosante de aberración, desacierto, descarrío, inexactitud y cabezonería.

Dios deja bien claramente establecido que no quiere que adoremos a otros (dioses ajenos), no quiere que dañemos ni perjudiquemos a otros (el prójimo), no quiere que les quitemos las mujeres a otros, etc. Resumiendo: sólo hay que adorarle a él y respetar a nuestros semejantes.

Fernberg 31-03-2007 08:33

El César y Roma
 
"Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos? Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron: De César. Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaron de él." (Marcos 12:13-17).

Queda muy claro que Jesucristo con esta frase estableció de una vez por todas su criterio sobre la separación e independencia que debe tener el poder espiritual, las cosa de Dios, con el poder temporal, las cosas de los hombres. La Iglesia no debe casarse con ningún estado, ni tan siquiera debe flirtear con él. Pero parece que la iglesia católica se ha saltado esta norma a la torera.

En España se ha llegado a muy altos niveles de integración de la iglesia romana con los distintos regímenes políticos, con un total desprecio de la frase de Jesucristo. Y esto ha sido así en todas las épocas, desde la Alta Edad Media hasta nuestros días. En todo tiempo y siempre un cardenal español ha tenido acceso directo al trono o ha sido consultado por el César.

Parece que lo del poder temporal tira mucho; Jesucristo ya nos previno contra todo ello. No olvidemos que la iglesia romana fue promovida por el emperador Constantino en el siglo IV y prácticamente calcada de las estructuras paganas que tenía el Estado en aquel entonces. El Emperador romano era considerado Pontifex Maximus del paganismo y como tal tenía la prerrogativa de ser adorado. Miles de cristianos dieron su vida por negar adoración a la imagen del Pontifex Maximus de la religión oficial del imperio romano. Los emperadores persas y egipcios pretendían lo mismo y se consideraban infalibles. Eran reverenciados como representantes de la divinidad en la tierra.

La iglesia católica romana que conocemos no ha olvidado ninguno de aquellos detalles:

- el Papa es el Sumo Pontífice,
- se considera infalible,
- el protocolo obliga a que se le besen los pies (aunque en la práctica se tolera sólo arrodillarse con inclinación),
- hay que adorarle, ¡es el Beatísimo Padre! (hay grandes masas que lo hacen hasta el histerismo),
- ni siquiera se ha desprendido de la pompa y boato que lo acompaña, como hacían los emperadores del mundo pagano.

La iglesia católica representa sin lugar a dudas:

- una iglesia apóstata, que debiendo pertenecer a Jesucristo se ha casado con el mundo;
- una falsa religión con ropajes deslumbrantes;
- la religiosidad unida a la mundanalidad;
- la personificación de la infidelidad, la hipocresía y la persecución;
- un sistema mundial de confusión espiritual;
- una institución que promociona la corrupción eclesiástica.

En todo caso estamos ante un falso cristianismo que tiene relaciones culpables con los grandes de la tierra y se complace con las cosas mundanas, como son los honores nacionales, riquezas y dominio. Durante muchos siglos ha sido perseguidora de otras religiones. Ha cometido muchos crímenes en nombre de Jesucristo. Detrás de una especie de máscara de piedad, con unas pompas y unos ritos imponentes, atrae y seduce a hombres y mujeres esparcidos por toda la superficie de la tierra. Este gogantesco sistema de prostitución espiritual es algo nunca visto. Es una auténtica tiranía eclesiástica, que ha interpretado a su favor la Biblia y ha adoptado las formas paganas en una especie de baile lleno de hipocresía y de idolatría. Es muy triste tener que decir que los falsos cristianos de Roma conscientes de esta hipocresía son ante Dios más culpables probablemente que los fetichistas y los musulmanes, puesto que su conocimiento y su infidelidad son más grandes.

Nadie ha perseguido a los creyentes como lo ha hecho la iglesia católica. En 1179, en el tercer concilio de Letrán, el papado decidió exterminar a los "herejes". Entre los siglos XIII y XV hizo todo lo que pudo para eliminarlos a todos. Los albigenses, los lollardos, los valdenses, los hussitas, etc., fueron quemados vivos en nombre de Jesucristo. Sin ir más lejos, en la "guerra santa" contra los albigenses emprendida por Inocencio III, 7.000 cadáveres fueron encontrados en una sola iglesia de Béziers. De esta manera la iglesia católica podría envanecerse de haber aniquilado toda clase de oposición dentro de la cristiandad, pero fue entonces cuando explotó la Reforma.

Fue a partir de entonces cuando la sangre empezó a correr a base de bien, en España (donde la Inquisición funcionó durante seis siglos), en Italia, en Francia, en los Países Bajos, etc., la Biblia estaba prohibida y era suficiente encontrar una en cualquier casa para ser enviado a las galeras o a cadena perpetua.

Las torturas infligidas eran de un sadismo refinadísimo. La Roma papal de esta época sobrepasó en mucho a la Roma pagana en crueldad. Todo esto pasó hace mucho tiempo. Pero jamás la iglesia católica ha expresado oficialmente su arrepentimiento por todos estos actos. Por el contrario, llegó a grabar una medalla conmemorativa de la matanza de San Bartolomé en la que se representa a un ángel del cielo ejecutando por sí mismo aquel acto de barbarie. Aquel mismo día el papa rindió homenaje a Dios públicamente en acción de gracias "por esta gran victoria sobre los enemigos de Jesucristo" (sic).

Fue canonizado Pío V, que es alabado en el breviario por haber sido inflexible y notable inquisidor. Se encuentra también en el breviario una nota donde se resalta que San Fernando (Fernando III de Castilla) es alabado por el celo con que persiguió a los "herejes", acercando con sus propias manos leños a la hoguera para quemar a los condenados.

En el centro de todo esto se encuentra un hecho innegable: el de que las persecuciones están inscritas no solamente en la historia de la iglesia romana sino incluso en su dogma. El derecho a matar "herejes" figura en los decretos infalibles e irrevocables de sus concilios generales (el tercero y el cuarto de Letrán). Bellarmín, doctor de la iglesia romana, demuestra la necesidad de quemar a los "herejes" basándose en que la experiencia enseña que no puede haber otra solución, puesto que la iglesia católica ha tenido demasiadas contemplaciones ensayando otros medios diferentes de disuasión. Los métodos de disuasión normalmente empleados fueron:

- en un principio, la excomunión; pero resultó que los "herejes" la despreciaban,
- después, la imposición de multas,
- posteriormente, la deportación,
- luego, el encarcelamiento; pero los "malditos herejes" corrompían a los carceleros con sus libros y sus palabras,
- finalmente, la pena de muerte.

Estaba visto que el único remedio era matarles. Todas las ordenanzas de la iglesia católica contra la "herejía", todas las reglas que atañen a las persecuciones, permanecen todavía inalterables en sus cánones, ¡nada ha sido abrogado! La iglesia católica ha martirizado a millones de santos. Sus edictos de persecución se extienden a todo el período de su existencia.

El cardenal Lepicier, profesor de Teología Sagrada en el Colegio de la Propaganda de Roma, escribía en 1908: "Si alguno hace públicamente profesión de herejía, no solamente será reo de excomunión, sino que podrá ser justamente ajusticiado, de manera que su ejemplo contagioso y malsano no sea perjudicial para muchos más." (Stabilitate et progressu dogmatis). Este libro recibió la aprobación vehemente del papa Pío X en 1910. A este papa le conocemos ya, es el célebre Pío X, impulsor del famoso Catecismo Mayor del que he hablado en esta carpeta y que todavía está en vigor en nuestros colegios, institutos y universidades a través de la Conferencia Episcopal Española.

El papado ha pretendido, en efecto, dominar el poder temporal. Durante siglos ha nombrado reyes y emperadores. Es con los reyes de la tierra con quienes ha tenido relaciones culpables. La iglesia católica ha buscado incesantemente la alianza entre el trono y el altar para poder influenciar la política. Adonde ella no ha llegado ha sabido poner en marcha el brazo secular, el poder del Estado, para torturar o exiliar a sus víctimas. Basta con recordar el papel que desempeñaron, movidos por la iglesia católica, reyes como Carlos IX de Francia o Felipe II de España.

Queda claro que la iglesia católica, sobre todo durante la Edad Media y durante el período de la Inquisición, desempeñó un papel muy importante en la historia de las persecuciones. Es indiscutible que cualquier iglesia que actúa de esta manera no puede ser una Iglesia de Jesucristo.

Fernberg 01-04-2007 07:58

La cruzada contra los albigenses
 
En 1208, Inocencio III hizo publicar una cruzada contra los albigenses y sus protectores: el conde de Toulouse y el vizconde de Béziers. Alfonso Torres de Castilla dice acerca de esta empresa: "Los frailes de más de mil conventos se desparramaron por Francia, Alemania e Italia, llamado a nobles y plebeyos a las armas. Se concedía a todos los que se alistaban para combatir a los herejes remisión de todos los pecados, desde el nacimiento del cruzado, y la autorización de no pagar interés de ninguna deuda mientras durase la empresa."

Se juntó un ejército formidable que durante veinte años desoló el Mediodía de Francia.

Al llegar a las inmediaciones de Béziers los jefes militares mandaron al antiguo obispo de aquella ciudad para parlamentar. El obispo reunió a los habitantes en la catedral y les presentó el gran peligro que corrían, exhortándoles a que se rindieran al legado del papa y a su ejército, ya que éste se conformaba con la simple condición de que entregasen a los "herejes", que él conocía muy bien, y cuyos nombres tenía escritos; pero, cosa extraordinaria en aquellos tiempos de intolerancia, el pueblo católico tuvo el gesto noble y cristiano de rehusar semejante condición, declarando que primero se comerían a sus hijos antes que entregar a la muerte a personas que no habían cometido otro delito que el de entender y explicar el Nuevo Testamento de otra manera que como el obispo y los sacerdotes lo explicaban. El legado papal, al conocer esta respuesta, juró que no dejaría en Béziers piedra sobre piedra y que no haría misericordia a ninguno de sus habitantes, católico o "hereje". Y así fue. La ciudad, atacada por 20.000 caballeros y 200.000 plebeyos, según un poema de la época, no pudo resistir. Cuando empezó el asalto los vencedores preguntaron al nuncio cómo se haría para distinguir a los católicos de los "herejes", y éste respondió aquellas célebres palabras: "Matadlos a todos, que Dios conocerá y separará a los suyos."

Gamala 06-04-2007 12:13

Interesante tu post. Me gustaria saber si quieres hacer primero una exposición completa o admites ya comentarios.

Fernberg 06-04-2007 15:36

Aunque todavía no he terminado mi exposición, ya puedes publicar tus comentarios. Un saludo. :saludo:

Fernberg 07-04-2007 07:35

Sobre el camino de Cesarea de Filipo Jesucristo pronuncia por primera vez la palabra Iglesia. Hay que tener en cuenta que hasta entonces siempre había ocultado quién era a sus discípulos. Él no quería dar este paso. Esperaba pacientemente la ocasión de que su Padre actuase en ellos por medio de su Espíritu.

"Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Entonces Simón Pedro, en un arranque de espontaneidad, tomó la palabra y dijo: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente."

Este momento era capital para la vida del Señor. ¡Era capital para la historia de la humanidad! Antes de hablar de su Iglesia, Jesús, lo primero que hizo fue darle las gracias a Pedro por esta revelación: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos."

Tuvo que existir una convicción directa para que Pedro llegara a esta convicción plena. Y entonces fue cuando Jesús fundó su Iglesia diciendo:

"Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi Iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos." (Mateo 16:18-19).

Analicemos la parte importante del primer versículo: "sobre esta roca edificaré mi Iglesia".

- Jesucristo nos habla de su Iglesia,
- la que le pertenece totalmente,
- la que va a adquirir al precio de su propia sangre,
- es decir, la que llevará su nombre para toda la eternidad,
- y la va a edificar él mismo,
- Jesucristo va a ser su propietario y su constructor,
- él mismo va a dibujar el proyecto,
- él mismo va a poner los cimientos,
- él mismo va a colocar el edificio sobre estos cimientos.

¿Para qué necesita a Pedro? PARA NADA. ¡Pero Pedro acaba de decir una verdad muy grande! Esa piedra, esa roca sólida, esos cimientos sobre los que Jesús va a edificar: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Esa roca sobre la que Jesús va a cimentar su Iglesia. No sobre Pedro, como dice la iglesia católica. No sobre Pedro, que no es piedra sólida, que falla: porque le va a negar tres veces, porque pierde la fe cuando camina sobre las aguas, porque dentro de pocos minutos le va a tener que reprender diciéndole: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres."

¿Cómo puede Jesucristo construir, nada menos que su propia Iglesia, sobre esta piedra tan resbaladiza que es Pedro? Jesucristo lo hace todo siempre sobre la misma piedra, la de la fe:

- cuando nos dio la vida eterna ya lo hizo sobre esta piedra: "El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna." (Juan 5:24),
- cuando nos manda su Espíritu, también lo hace sobre esta misma piedra: "El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva." (Juan 7:38),
- cuando funda su Iglesia, lógicamente también lo hace sobre la misma piedra de la fe en él.

En los tres casos es la misma piedra, y esto no es ninguna casualidad, sino que para creer en Jesús hay que saber simplemente que es nada menos que el Hijo de Dios, y ésta es la piedra. ¿Cómo, señores, si todo lo trascendental e importante lo fundamenta Jesús en la fe, ahora nos va a edificar su Iglesia sobre Pedro? ¡Esto es de locos! ¡¡¡No, y mil veces NO!!!

Pedro ha servido para manifestar desde el Padre la gran verdad de nuestra fe: "Tú eres el Hijo de Dios." Y sobre esta gran verdad, sobre esta piedra, esta roca firme, única, que sintetiza toda la obra del Padre en su Hijo, es sobre la que Jesucristo, su Hijo, va a edificar la auténtica, única y verdadera Iglesia.

Pero sigamos y tomemos la parte importante del segundo versículo: "a ti te daré las llaves del reino de los cielos".

¿A quién, señores, le va a dar Jesucristo las llaves de su reino? Pues sencillamente a su propia Iglesia que acaba de fundar, a todos los que van a pertenecer a ella, es decir, al cuerpo místico de Jesucristo.

Lo que pasa (y esto es muy importante) es que al ponerlo en singular parece que se pudiera referir al propio Pedro, pero no es así, como veremos. Lo que ocurre exactamente es que Jesús entre los dos versículos hace una pausa y entonces, pensando en su iglesia que acaba de crear y ensimismado por el propio pensamiento se expresa como si dijera: "Y a ti te daré, oh Iglesia mía, las llaves del reino de los cielos." Y así tiene sentido todo:

Tiene sentido todo el versículo que está en singular aquí en Cesarea:

"y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos." (Mateo 16:19).

Tiene sentido todo el versículo dicho en plural en otro lugar:

"De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo." (Mateo 18:18).

Y aquí sí se refiere a todos, a toda su Iglesia, y Jesucristo no va a decdir a Pedro solo lo mismo que ha dicho a todos, a su Iglesia. Por lo tanto, queda patente que se refería, como es lógico, únicamente a su Iglesia.

Aparece, pues, clarísimo (y esto es infantil, como todas las cosas que Dios nos deja percibir) que Jesucristo fundó su Iglesia sobre la fe: "Tú eres el Hijo de Dios"; que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (su Iglesia); que, además, le dio a esta misma Iglesia las llaves del reino que todo lo que esta iglesia de Cristo reunida decida hacer como Iglesia suya, él lo aceptará, y si decide no hacerlo no lo aceptará. Pero es que además de este razonamiento que pone todo en claro, podemos aducir otros que corroboran esta verdad:

- Pedro no se enteró nunca de que hubiese sido nombrado jefe,
- Pedro murió sin enterarse de que era papa,
- tampocó se enteró Pedro de que el primado fuese transmisible,
- Pedro nunca fue obispo de Roma,
- los primeros obispos de Roma no se transmitieron ninguna jefatura,
- Pedro nunca estuvo en Roma,
- mientras los apóstoles vivieron jamás pensaron en la posibilidad de un papa,
- los otros tres Evangelios no dicen nada de la promesa a Pedro,
- Marcos y Lucas sólo mencionan la confesión de Pedro,
- en la carta de Pablo dirigida a Roma no hay ningún mensaje para Pedro,
- Pedro jamás presidió ningún concilio,
- no se encuentra nada en la época primitiva que pueda servir de base a las pretensiones papales,
- en el año 606 un obispo de Roma se autoproclama obispo universal, esto es, papa,
- incluso a finales del siglo VII un sínodo de obispos españoles declaró que la promesa se hizo sobre la fe,
- en 1049 el concilio de Reims lo declara Primado Apostólico de la Iglesia Universal,
- en 1054 el papa de Roma y el patriarca de Constantinopla se excomulgan recíprocamente,
- el dogma de la infalibilidad pontifical fue promulgado en el concilio Vaticano I, en 1870, en medio de una fuerte oposición por parte de muchos obispos católicos; hablar de infalibilidad del papa antes de Pío IX es un monstruoso anacronismo,
- para justificar la infalibilidad del papa han tenido que falsificar la frase de Jesús que aparece sólo en Mateo.

De todo esto se desprende que Jesús en Cesarea de Filipo lo único que hizo fue concebir lo que iba a ser su auténtica y única Iglesia, fundada sobre la roca firme de la fe, y otorgarle a la misma una serie de privilegios. Jesucristo es, pues, la piedra fundamental, la piedra angular de esta Iglesia cimentada en la roca firme: "Tú eres el Hijo de Dios"; y nosotros, los que creemos en esta verdad, somos las piedras escogidas por él para formar parte de este edificio único, cuyo sostén y apoyo no lo da él mismo.

Entonces, el argumento retorcido de que Pedro es la cabeza visible de la Iglesia de Cristo, de que todo se apoyaba en él, de que Pedro posee la infalibilidad, es una falacia, una auténtica tomadura de pelo. ¡Es completamente falso!

- la iglesia católica no es la verdadera Iglesia de Jesucristo,
- Pedro nunca fue nombrado jefe de su Iglesia,
- el papado es una institución que han creado unos pocos en nombre de Jesucristo, pero sin la autorización de Jesucristo,
- sus leyes no obligan a nadie que sea cristiano,
- el papa de Roma no tiene nada que ver con Jesucristo,
- los católicos son unos falsos cristianos.

Gamala 08-04-2007 07:43

Esperaré a que termines para no interrumpir tu exposición. Un saludo.

Fernberg 09-04-2007 04:45

Como prefieras. De todas formas te diré que ya me falta poco para finalizar mi exposición. Es un tema tan largo y tan complejo que me resulta difícil tratarlo todo en un solo día, así que entro aquí a ratos. Lo que sigue es la continuación de mi mensaje número 13.

Fernberg 09-04-2007 05:14

¿Y qué dice la iglesia católica?
 
La iglesia católica, como no está muy segura de su paralogismo, intenta reforzarlo con la frase de Juan 21:15-17, "apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas, apacienta mis ovejas", lo cual es una solemne tontería. Cuando el Señor ha resucitado, uno de los affaires que tiene que resolver en la tierra, antes de marcharse, es rehabilitar a su buen amigo Pedro. No olvidemos que Pedro había negado por tres veces al Señor y que Jesús se lo había pronosticado previamente. Entonces el Señor le preguntó: "Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?", y Jesús reitera esta pregunta tres veces también. Pedro le contesta con profunda humildad: "Sí, Señor; tú sabes que te amo." Y tres veces le contestó el Señor: "apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas, apacienta mis ovejas". Y Jesús lo hizo también públicamente, con lo que Pedro quedaba públicamente rehabilitado.

Los teólogos católicos, a falta de argumentaciones, se han agarrado desesperadamente a estas simples palabras "corderos y ovejas", para confirmar la institución del papado, la delegación oficial de los atributos soberanos de un pontífice sobre la Iglesia universal compuesta de fieles, los corderos, y de una jerarquía integrada por obispos y cardenales, las ovejas. El raciocinio es retorcidísimo por parte de la iglesia católica. Nos encontramos delante de una nueva argucia: ¡querer nada menos que identificar las relaciones entre la jerarquía y los fieles con las de las ovejas y los corderos!

Ya lo he dicho antes: ¡se trató sólo de una rehabilitación! Y después de esta dura y humillante experiencia, Pedro se encontró calificado, como todos los demás, para poder apacentar con paciencia y con amor el rebaño de Jesucristo.

Si Pedro no ha sido nunca papa, si la institución papal carece de infalibilidad y el pontificado romano es una clara mentira, se invierte la base misma de las creencias de los católicos. Esto es una triste y desoladora bancarrota de sus convicciones, edificadas sobre arena. La desesperanza es la reacción de una esperanza mal colocada.

¿En quién y en qué debe ser basada nuestra fe? Sin lugar a dudas, para no equivocarnos, en la persona de nuestro Señor Jesucristo y sobre la roca firme de su palabra divina, que es el Evangelio.

Los católicos romanos han estado sirviendo durante mucho tiempo a una falsa religión sin enterarse.

No puedo dejar de pensar con particular desasosiego en los humildes y admirables sacerdotes y religiosos que han creído y siguen creyendo, con todas sus fuerzas y con toda la sinceridad de su corazón, que cuando la iglesia romana, el papa, habla, es Dios quien habla.

No quiero dejar de pensar en un Francisco de Asís que al final de su vida se consumía en lágrimas, viendo la descomposición de su orden, porque sus discípulos, desconociendo las inquietudes de su pensamiento, empezaban a reemplazar la obediencia al Evangelio por la obediencia a la autoridad eclesiástica.

No quiero dejar de pensar en un Savonarola, este valiente de la fe, que un triste papa, el Borgia Alejandro VI, condenó a morir en la hoguera por haber denunciado sus infamias y torpezas y las de su jerarquía.

No quiero dejar de pensar en Juan Huss, no menos ferviente católico que fiel discípulo de Jesucristo, que la iglesia católica desautorizó y trató sin piedad. Fue quemado vivo en 1415.

Y así podría seguir indefinidamente.

La iglesia católica sólo distingue entre los fieles a su doctrina y los rebeldes y sublevados. Se le obedece aunque sea contra la propia conciencia, o se cae en herejía. Y cuando un alma que ama ardientemente a Jesucristo se ve acorralada en este dilema de rebelión contra su iglesia o de infidelidad a la palabra de Jesús... ¡Es espantoso! Entonces se cae en esta angustia, donde hay que aclarar conceptos y encontrar la conciliación dentro de lo inconciliable.

Este dilema solamente tiene solución en Jesucristo. Todas estas conturbaciones se resuelven leyendo los Santos Evangelios, cuyo espíritu y carácter permiten llegar al máximo grado de la suma serenidad y de la suma fortaleza.

Fernberg 09-04-2007 05:39

¿Y qué dice su predilecto hijo el papa Pío X?
 
Si leemos otra vez su Catecismo Mayor a través de los textos nacionales que nos otorga la Conferencia Episcopal Española, en su lección La Santa Iglesia, reza así:

"¿Cuáles son las notas o caracteres que Cristo confirió a su Iglesia?
Las notas o caracteres que Cristo confirió a su Iglesia son cuatro: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad."

"¿Cuál es la verdadera Iglesia fundada por Cristo?
La verdadera Iglesia fundada por Cristo es únicamente la Iglesia Romana, porque sólo ella es Una, Santa, Católica y Apostólica."


Al leer la contestación a la primera pregunta me había asustado. ¡Aquí faltaba algo! ¿Dónde está la romanidad? Creía que Pío X ya se había sacado otra vez de la faltriquera las grandes tijeras y ¡zas! había pegado otro tijeretazo y de golpe se había quitado el apellido. Pero no, no es así. La segunda contestación es bien clara a este respecto: ¡Es la Iglesia Romana! ¡Y además es la verdadera! ¡Nos lo dicen bien claro! ¡No renuncian a este apellido!

Así pues, las notas o caracteres que tiene esa Iglesia que llaman verdadera son cinco: Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana. Entonces ya no son cuatro, ¡son cinco! Por lo tanto ya no es la Iglesia de Cristo. ¡Ellos mismos, los obispos, nos lo han dicho! Aunque yo ya lo sabía.

Si analizáramos a fondo estos cinco apellidos nos daríamos cuenta de lo que esconden algunos detrás de sí mismos. Bastaría con hablar de la santidad, para ver que la tienen bien merecida; son muchos los santos que han enviado al cielo... a través de la hoguera. Pero no voy a realizar este análisis. Me gustaría poder definir solamente: ¿qué es este contubernio católico-romano? ¡Católico-romano! Si dos palabras se juraron alguna vez amor eterno, ¡ahí las tenemos!

Católico = universal, abierto, comprensivo, acogedor, conciliador, anticonformista, liberal, a mano abierta.

Romano = estrecho, difícil, resistente, sectario, ritualista, tiránico, intolerante, a puño cerrado.

Católico-romano = ¡La antítesis de la paradoja!

En cuanto se convirtió en romana, la iglesia católica, ipso facto, acabó en secta como cualquier iglesia particularista. La Iglesia cristiana, al principio "santa, católica y apostólica", en cuanto se le añadio el "y romana" perdió su nombre de Iglesia católica, esto es, universal. Por lo tanto el papa Pío X, al aceptar claramente la romanidad y por tanto el sectarismo, acepta implícitamente, a través de la antítesis de la paradoja, también el falseamiento de este contubernio católico-romano.

Quiero concluir diciendo que la IGLESIA DE JESUCRISTO no lleva ningún apellido; tiene solamente un nombre propio como distintivo: ¡CRISTIANA!

Como cristiano auténtico, que he buscado la verdad y la he encontrado, que he acudido a los orígenes, a la Iglesia primitiva de Jesucristo, quiero hacer esta declaración: doy gracias a Dios por haber encontrado la verdad y pido a Dios que ilumine a la jerarquía romana y a todos los católicos del mundo para que vean con claridad dónde están sus orígenes, y se incorporen a la auténtica Iglesia fundada por Jesucristo y se conviertan en auténticos cristianos.

ONEI 09-04-2007 12:48

Saludos Fernberg. Te has currao la carpeta. Felicidades. Me parece extraordinaria como tema de debate. La religión siempre es un buen tema de debate, si además es la Católica, el debate está garantizado, y si incluso, la exposición es tan prolífica, el nivel sube, y lo hace más interesante.

Te has propuesto desacreditar a la confesión católica... Pues que quieres que te diga: que eres libre, y si con ello te sientes mejor, pues haces bien.
No obstante, en mi opinión, mantienes el tono de debate en un plano ideológico (o teológico), que de entrada me hace sentir incómodo porque no me veo capaz, en ese plano ideológico-teológico, de contrastar contigo opinión ni conocimiento a la altura apropiada. Tus intervenciones, ponen de manifiesto básicamente dos aspectos:

1.- Las diferencias entre hechos y catecismo (por error o manipulación).
2.- Tus propios juicios de valor sobre la interpretación, la oficial y la que debería ser correcta, de algunos hitos católicos.

Sobre lo primero, sobre las diferencias, haberlas, las hay. Eres uno más, pero aún más estudioso que la mayoría, que se ha dado cuenta de que el Catolicismo tiene tanto de construcción humana, como de inspiración divina. Respecto a lo segundo, en cuanto a como debería interpretarse según que acontecimiento, bueno..., digamos que cualquier interpretación distinta, no tiene porque ser peor. De hecho, en ello se basa la diversidad confesional cristiana, o de cualquier religión.

Pero llegar a esta conclusión, ceñirnos a disyuntivas teológicas, sería, para mí (pues entiendo la teología como una ciencia mucho más profunda de lo que abarco) agotar muy mucho, el debate sobre La Iglesia. Y pretendo darle más recorrido. No solo para seguir opinando, sino sobretodo, porque la Institución Católica queda ferozmente criticada por tus intervenciones, y me apetece defenderla...., pese a lo merecido que tenga, ciertas y ácidas críticas.

Cuando hablamos de religión, o de Institución religiosa, hemos de situarnos todos en un lugar donde manejar con cierta confianza, dogmas que implican aceptar que fue buena una muerte en una cruz (cristianismo), que el alma humana se reencarna en otros seres vivos (hinduísmo), que existen divinidades de 6 brazos y dos cabezas (budismo), que un pueblo entero se alimentó de pan caido del cielo durante años (cristianismo, judaísmo y islamismo), que la resurrección es posible, que recibir transfusión sanguinea de un semejante cerrará las puertas del paraiso eterno, que eyacular perjudica la naturaleza que Dios nos confirió, que la ablación de clitoris esta santificada, que....¿?¿? :confused: ¡¡Ojo!!, que no es fácil ponerse en ese lugar en que quepa la religión y su debate. En principio parece mucho más normal, declararse ateo.

Pero como los hombres tienden a dotarse de dioses y ritos religiosos, y ello no depende exclusivamente del nivel económico o cultural del individuo, vamos a seguir. Caeremos en la cuenta de que Religión e Iglesia, son cosas distintas. La Religión recoge los principios de la Fe. La Iglesia, los teoremas y normas de identificación del creyente. Una cosa es el Derecho Natural que inspira la Ley, y otra el Código Jurídico que circunscribe la Ley y despliega sus efectos. Pues con la Religión pasa lo mismo. La Religión es Fe, y la Iglesia es obra humana. Y la primera piedra de tal obra fue encargada a Pedro por Jesús, y viendo la magnitud alcanzada por dicha obra, inconclusa por cierto, se puede decir que Jesus no se equivocó mucho. :)

Bien es verdad, que los jerarcas eclesiasticos antiguos, en quien descansa la mayor responsabilidad sobre el Catecismo y la Iglesia, podían haberse equivocado menos, incluso, haberlo construido dejando al márgen intereses personales, pero bien es verdad también que:
- somos humanos llenos de defectos a fin de cuentas. Y que se sepa, el cristianismo no reconoce como Dios a ningún hombre, ni siquiera es Dios el Hijo del Padre, o Jesucristo. Si admite el culto a la Madre (única humana con virtudes divinas) y veneración a beatificados y santificados como modelo de buen cristiano, pero nada más. A lo mejor es por eso, porque los humanos tendemos a cagarla, no?
- la Iglesia, como institución que plasme por escrito que clase de guía espiritual desea ser para las generaciones futuras, recogiendo las enseñanzas de Jesús, nace varios siglos después de su vida, manejando evangelios que contaban cosas distintas del mismo hecho, y algunos ni siquieran se conservaban en su estado original. Si lo poco que había escrito, era antiguo, manipulado en los primeros siglos, diverso y nadie se acordaba ni siquiera del aspecto de Jesucristo, ni del Caliz Sagrado, ni de sus ropas, ni de si se arrascaba o no por las picaduras de piojos, como vamos a pretender que el Catecismo se ajustara al milímetro con la vida y doctrina que quería Jesús?? Acertar no hubiera sido buena fé, hubiera sido un milagro!!
- desde el origen de los tiempos, el capital en sentido amplio, ha permitido la supervivencia. Permiten los alimentos, la conclusión de la obra, el poder de influir... Cualquier Iglesia confesional (de cualquier religión), no solo la Catolica, lo sabe. Digamos simplemente, que la Católica ha sido alumna aventajada de esa lección. La ortodoxia eclesiastica, acaparar bienes, ejercer poder, ha sido resultado de ese afan de perpetuar el capital que haría sobrevivir la institución y su acción evangélica, sufriendo y/o aprovechandose de los desaires y/o ventajas que el devenir historico le ha deparado. Por supuesto que ese dinero o poder, ha corrompido muchas veces a quien debía administrarlo, pero no me negareis que ese dinero y poder ha permitido (y lo seguirá haciendo), que la Iglesia sea hoy una institución viva, capaz en su cometido, influyente, y sobretodo y quiero remarcarlo, depositaria de unos buenos valores morales para el hombre y la naturaleza. Hablo de nuestra Iglesia Católica, cuando digo que puede ser que llene la cabeza de muchos pájaros al creyente, pero nunca le aportará maldad o principios malos con y para el hombre. Para mi, quizás la Iglesia Católica no me aporte mucho, pero en absoluto es motivo de ataque por dañina. Y lo mismo puedo decir de casi todas las religiones. Pasa, que no puedo ser fiel de todas.

Así que Fernberg, puede ser que lógica, o ideológicamente, el Catolicismo sea una barbaridad, pero te puedo decir que se extendió como la polvora sobre los territorios, basicamente, por ser de mucho más sentido común y práctico que el que tenían las religiones sustituidas. El cristianismo en general y el catolicismo en particular, es una confesión bondadosa y mucho menos fantasiosa que muchas pasadas y presentes. Así como es cierto decir que el Catolicismo ha perseguido cruelmente la herejía durante siglos, es una falacia mantener que se impuso por la sangre a las poblaciones no-evangelizadas. Entre idólatras, politeistas, el fiel que teme al dios castigador o irascible, o al chamán, sacerdote o gurú que impone sacrificios caprichosos, el Credo Católico se vendió solo. Un ejemplo que queda cercano aquí, es América. Los soldados españoles no la conquistaron, fueron los monjes con el arma de una Biblia que los hácía confiados dentro de una Fe, que hablaba de perdón, de igualdad, y no aterrorizados por una, que abandonaron en su mayoria diciendo "mariquita el último"

Puede ser que tú no la necesites, pero mientras haya gente que sí, el Catolicismo será una opción, que logicamente variará con el tiempo adaptandose a él. Y además una opción bastante bien colocada de entre las posibles. Aunque ni tú ni yo lo veremos.

:saludo:

Gamala 14-04-2007 07:48

Hola Fernberg, tu exposición me ha parecido la demostración sincera de un cristiano que profesa con convencimiento la rama del cristianismo que eligió, te felicito por ello. Has escrito traducciones correctas de textos bíblicos, pero son correctas hasta cierto punto, cualquier lectura de la Biblia tiene varias traducciones y muchas más interpretaciones según el erudito que la haya hecho. Depende sobre todo de que el traductor sea católico, protestante o judío, la discusión que se traen con la traducción de los rollos del Mar Muerto es un ejemplo.

Mencionas que lo que expones es el cristianismo antiguo. Disiento contigo, el cristianismo antiguo no puede olvidarse de los otros evangelios y si he entendido bien tus escritos, te basas solo en los evangelios canónicos. Estás basando el mensaje de Jesucristo en lo mismo que los católicos, en los textos sagrados que Eusebio de Cesarea e Ireneo de Lyon eligieron, entonces partes de lo mismo que los católicos, de un acomodo del crisitianismo a lo que le interesaba al emperador Constantino para sus fines políticos.

Con tu exposición no consigues demostrar con patente evidencia nada más que todos los textos antiguos han sufrido múltiples alteraciones y acomodaciones que han dado lugar a distintas variantes del cristianismo y han conseguido atraer a seguidores que se han convertido en católicos o protestantes. Pero que el cristianismo protestante es una religión original y la única verdadera no lo has podido demostrar, ni siquiera te has adentrado en el cristianismo primitivo, que tiene mucho de texto adaptado de creencias más antiguas que no puedes ignorar si quieres demostrar algo.

Saludos. :thumb:

Gamala 14-04-2007 07:53

Cita:
Originalmente puesto por Fernberg
Entre un hechicero papú y un obispo o dignatario, en plena exposición con todo su colgadizo, encontramos montones de analogías. Tal vez la balanza se inclina a favor del brujo pues si comparamos el tam tam con las procesiones, son más de perdonar las prácticas fetichistas de los pueblos subdesarrollados que las peregrinaciones y romerías occidentales con todas sus ciencias y adelantos.

En medio de los falsos cristianos, dentro de los emperifollados y disfrazados sistemas religiosos, se encuentra, atrincherado y a la cabeza, el impresionante y deslumbrante cristianismo católico que es, virtualmente, una religión politeísta: igual invocan a Jesucristo y a sus cientos de vírgenes, que a todos y cada uno de sus innumerables santos.


Entre todas las religiones encontramos un montón de analogías.

El politeísmo es la práctica religiosa universal más frecuente y antigua.

Fernberg 14-04-2007 08:32

No es que me haya propuesto desacreditar a la confesión católica. En realidad, ha sido la propia institución romana la que se ha desacreditado a sí misma. De todo lo que he expuesto hasta ahora, no me he inventado nada. Y aún hay muchas más cosas que se me han quedado en el tintero. Intentaré mantener el debate en un plano no teológico, aunque mucho me temo que no me resultará fácil.

Es innegable que el cambio que se ha producido en la iglesia católica romana en los últimos cincuenta años. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer. Llegados a este punto, toca preguntarnos: ¿existen libertades reales en la iglesia católica? Si no siempre las hubo en el pasado, como es obvio, ¿existe un efectivo cambio después del Concilio Vaticano II? Ese cambio sólo se ha dado a medias, no tanto en hechos como en dichos.

Ha habido cambios favorables en el orden externo, como es cierto en la práctica del culto, pero no en las doctrinas básicas sobrepuestas a la fe pura y sencilla de los cristianos de los tres primeros siglos. Es necesario restaurar aquella fe antigua para poder decir que somos cristianos auténticos, no de nombre, rutina o tradición, sino verdaderos seguidores de Cristo y de los fundadores de la Iglesia Cristiana según el Nuevo Testamento.

Por el estudio de todos estos datos, y de muchos otros que no he podido exponer aún, queda plenamente demostrado:

1º Que la iglesia católica romana ha cambiado mucho de las doctrinas y enseñanzas que nuestro Señor Jesucristo instituyó, y que fueron tan fielmente creídas y respetadas por los primitivos cristianos, basándose siempre, si surgía discrepancia entre ellos, en el contenido de las Sagradas Escrituras.

2º Que ninguna iglesia tiene autoridad para cambiar un ápice de las enseñanzas de Cristo, y que los apóstoles y los padres de la Iglesia verían con asombro todos estos cambios doctrinales y litúrgicos.

Lo cierto es que en el curso de los siglos la iglesia católica ha transfigurado, no tan sólo algunos aspectos externos de la religión cristiana, como son la forma del bautismo, de la eucaristía, las indumentarias de sus ministros, la participación mayor o menor de los fieles en el culto público -es decir, cosas de secundaria importancia y que apenas significan ningún estorbo para la unidad cristiana-, sino que ha añadido y quitado cosas de mayor trascendencia para el culto, y sobre todo para la vida cristiana, como son, por ejemplo, el culto a los santos, el purgatorio, las indulgencias, la infalibilidad papal, descuidando, en cambio, la necesidad de la regeneración, el nuevo nacimiento (como Jesús lo llama) por obra del Espíritu Santo en el corazón individual, manifestada por una fe viva y una conducta cristiana consecuente, aunque no perfecta, ya que la perfección es imposible de alcanzar en este mundo.

Ya no hablemos de la posición de la iglesia católica en temas de interés social como el sexo, el uso de anticonceptivos, el aborto, el divorcio, la homosexualidad, etc. ¿Sabías que en la COPE, la emisora de radio de la Conferencia Episcopal Española, está terminantemente prohibido hablar de todos esos temas? Incluso un tema tan delicado como los abusos sexuales a menores es tabú. En cambio, parece ser que no hay ningún problema a la hora de verter descalificaciones e injurias a través de las ondas.

Me he preguntado algunas veces si no llegará a producirse en nuestro siglo, dentro de la iglesia católica romana, una segunda Reforma protestante, totalmente desligada de los reformadores del siglo XVI, pero tan eficaz y pura en doctrina como la que se produjo bajo la dirección y el impulso de grandes hombres de Dios como Lutero, Melanchton, Zwinglio, Knox, Tyndale, Huebmayer, etc.

Mucho se ha acusado a los protestantes españoles de extranjerizantes por haberse visto obligados a adoptar para sus estructuras eclesiásticas algún modelo surgido básicamente del Nuevo Testamento, pero reafirmado y puesto en práctica desde hace siglos en otras naciones, bajo algún nombre religioso denominacional. Esto es por haber faltado un buen reformador español en el siglo XVI; y ello no es culpa del alma española -tanto o más profundamente religiosa que la anglosajona, como lo prueban los grandes místicos-, sino de la Inquisición, que exterminó y expatrió a los prohombres de la Reforma del suelo hispano en los siglos XVI y XVII y puso coto a cualquier tendencia protestante que surgiera dentro de las propias filas del catolicismo romano, como lo observamos en los famosos procesos de Fray Luis de León, el arzobispo Carranza, Rodrigo de Valer, etc.

En fin, ya te dije que intentaría mantener el debate en un plano no teológico, pero como puedes ver me resulta difícil hablar de este tema sin entrar en el terreno de la teología.

Un saludo. :saludo:

Fernberg 14-04-2007 08:58

Cita:
Originalmente puesto por Gamala
Hola Fernberg, tu exposición me ha parecido la demostración sincera de un cristiano que profesa con convencimiento la rama del cristianismo que eligió, te felicito por ello. Has escrito traducciones correctas de textos bíblicos, pero son correctas hasta cierto punto, cualquier lectura de la Biblia tiene varias traducciones y muchas más interpretaciones según el erudito que la haya hecho. Depende sobre todo de que el traductor sea católico, protestante o judío, la discusión que se traen con la traducción de los rollos del Mar Muerto es un ejemplo.

Mencionas que lo que expones es el cristianismo antiguo. Disiento contigo, el cristianismo antiguo no puede olvidarse de los otros evangelios y si he entendido bien tus escritos, te basas solo en los evangelios canónicos. Estás basando el mensaje de Jesucristo en lo mismo que los católicos, en los textos sagrados que Eusebio de Cesarea e Ireneo de Lyon eligieron, entonces partes de lo mismo que los católicos, de un acomodo del crisitianismo a lo que le interesaba al emperador Constantino para sus fines políticos.

Con tu exposición no consigues demostrar con patente evidencia nada más que todos los textos antiguos han sufrido múltiples alteraciones y acomodaciones que han dado lugar a distintas variantes del cristianismo y han conseguido atraer a seguidores que se han convertido en católicos o protestantes. Pero que el cristianismo protestante es una religión original y la única verdadera no lo has podido demostrar, ni siquiera te has adentrado en el cristianismo primitivo, que tiene mucho de texto adaptado de creencias más antiguas que no puedes ignorar si quieres demostrar algo.

Saludos. :thumb:


Todas las citas bíblicas han sido tomadas de una versión protestante, la Reina-Valera (revisión de 1960), pues es con la que estoy más familiarizado. De todas formas, te diré que en mi casa tengo varias versiones, tanto protestantes como católicas, y no son tan diferentes entre sí. Otra cosa es la interpretación que cada erudito haga de los textos bíblicos.

Si me baso en los cuatro Evangelios canónicos, es porque son los únicos que conozco. Sé que además existen otros evangelios apócrifos, pero en este momento no dispongo de ninguno de ellos, por lo que tampoco puedo opinar al respecto. Como comprenderás, no puedo basarme en algo que desconozco.

Por otro lado, fíjate que yo en ningún momento he dicho que la religión protestante sea la original y la única verdadera. Ello se debe a que quizá no has entendido lo que he querido decir al referirme a la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo. La Iglesia de Jesucristo es independiente de toda organización humana (sobre este asunto tengo previsto abrir una nueva carpeta). Otra cosa son los diferentes movimientos que surgieron con la Reforma protestante, los cuales deben su nombre a algún gran hombre de Dios o a alguna doctrina básica. La intención de los reformadores no era fundar una nueva religión, sino regresar a las fuentes del cristianismo, a la sencillez de la Iglesia primitiva. No me negarás que existe una enorme diferencia entre lo que la iglesia católica enseña (y practica) en la actualidad y lo que dice el Evangelio respecto al mismo asunto.

ONEI 15-04-2007 07:47

Oye perdona, pero es que ... o no he cogido yo el sentido de lo que quieres decir Fernberg, o a poco que me haya enterado de algo, el encaje chirría con estridencia.

Cualquier escisión cristiana que haya partido de la Católica (hay confesiones cristianas no nacidas de la Católica), ha obedecido fundamentalmente a dichoso y omnipresente afán de obtención de relevancia o dinero/poder, ya por los pioneros reformadores (por citar a aquellos que te referiste ... Calvino, Lutero, etc), ya por la nobleza que los animó, protegió, y usó para sus fines. Supongo que esto hay que explicarlo:

El Humanismo renacentista de aquellos albores de la Edad Moderna, impulsa los conocimientos. Brotan con fuerza las disciplinas que harán nacer a un Hombre Nuevo: Filosofía, Ciencia, Historia,... Es este movimiento la matriz de muchos replanteamientos de la época, entre ellos como no, el religioso. Pero al margen de algunas figuras relevantes de centroeuropa (entre otros Erasmo de Rotterdam), los principales humanistas se encuentran en el area mediterranea, Italia como cuna del Renacimiento, Francia, España (uno de ellos ya lo dijiste tú, el Cardenal Cisneros). No me quiero extendr mucho sobre esto. Pues bien ¿por qué un movimiento cultural bastante homogeneo en Europa, sirve en función de qué territorio estemos hablando, para debilitar o para defender la Iglesia Romana? Exacto, por motivo de intereses ajenos a la religión. ¿Por qué, si se trataba de reformar la Iglesia Romana, todos los movimientos díscolos, protestantes, y simultaneados en el tiempo, no se unieron para hacer más fuerza? Exacto, porque cada uno patrocinaba un interés distinto al del otro. Y podríamos seguir haciendonos preguntas que nos llevarían a la misma conclusión.

Juan Calvino, fue un buen orador que con una especial inquina hacia Roma (inquina mutua, por supuesto) hizo toda una interpretación religiosa anti-romana, con enseñanzas, a detallar de forma especial, como esta: "Los ricos tienen en su riqueza una señal de que están predestinados por Dios a la salvación eterna, mientras que los pobres parecen destinados al castigo eterno..." Evidentemente, encontró seguidores (pocos) en algunos cantones suizos (sería la genesis del atesoramiento monetario suizo?), la Holanda (mercader) de aquellos años, y mucho más tarde de su muerte, sus doctrinas servirían para dar soporte "espiritual" al capitalismo moderno e industrial de las Is. Britanicas. Jejeje. Contra la riqueza de Roma que iba este tio, ehhh?

Martín Lutero, sí se desencantó del materialismo romano. Así que lo primero que hizo fue rebelarse contra las transferencias financieras de las parroquias germanas hacia Roma, canalizadas por el Sacro Imperio Germánico. Coño!! le dió el empuje teórico que necesitaban los príncipes de muchos landers germánicos, para sacudirse de los impuestos que recaudaban para su emperador. Lutero, les daba autonomía impositiva (y política no ya de Roma, sino del emperador), y lo dotaron de las iglesias y de la protección necesaria para imponer su Iglesia en sus territorios. ¡¡No al dinero hacia Roma, nos lo quedamos nosotros, y de paso a ver si el emperador se pega un barrigazo!! Jeje.

El protestantismo británico, fue una ruptura del clero inglés por miedo físico y de perder privilegios, por amenazas de un rey inglés, cuyos desvaríos morales excedían la capacidad del perdón romano. O con el rey, o muertos o despojados de privilegios. El arzobispo de Canterbury, era mucho más corrupto y cobarde que cualquier religioso de la época, y prefirió romper con Roma, a perder la vida o la riqueza. Tan corrupta y materialista fue la Iglesia Anglicana, que poco después tuvo que soportar el nacimiento y crecimiento del Puritanismo (s. XVII). Claro, que a los puritanos, los deportaron a América... Jejeje.

En ese tiempo del humanismo, florecieron las órdenes religiosas católicas, que mantenían la pobreza, el trabajo, la espiritualidad, la limosna y el perdón, la Fe,..., como valores supremos del buen cristiano, y que se oponían a la opulencia romana. Por ejemplo: los franciscanos. Podían señalarse muchas más. Pero se mantuvieron dentro de la disciplina católica. Discrepar, no significaba escisión confesional, a no ser que hubiera ánimo de ruptura. Y la ruptura siempre escondió, motivaciones aconfesionales que la hacian necesaria, aunque todas o casi todas, fueran revestidas de nuevas y mejores interpretaciones del Catecismo. De la Palabra de Dios. De pureza.

Mentira!

Gamala 15-04-2007 08:28

Fernberg y Onei:

Defendéis vuestras religiones con el corazón. Eso está bien, dicen que la fe mueve montañas y que el que creere se salvará, podeis estar tranquilos a ese respecto. :thumb:
Pero ambos adolecéis de exceso de pasión y falta de objetividad. Yo seré el abogado del diablo. :D
Para empezar desde el principio os recomiendo leer sobre la primera escisión del cristianismo, la separación de las iglesias de oriente y occidente. Comprobareis que no hubo más fundamento que el poder político. :saludo:

ONEI 16-04-2007 05:02

Cita:
Cualquier escisión cristiana que haya partido de la Católica (hay confesiones cristianas no nacidas de la Católica), ha obedecido fundamentalmente a dichoso y omnipresente afán de obtención de relevancia o dinero/poder... por ONEI


Hola Gamala. Lo citado mas arriba, no se en que se contraprone a lo que mantienes respecto a la escisión de la Iglesia de Oriente. Es cierto, lo que dices. El único imperio cristiano que existía, tras las la ocupación de occidente, por las tribus bárbaras, merecía según su emperador, una Iglesia dócil y autóctona, alejada de la romana. Nació así la confesión Ortodoxa. Y??

Hablé de los protestantes, porque de estos fue de los que habló Fernberg.

Buen día.


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