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  #26  
Old 10-04-2005, 15:46
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Inermes
Javier Marías

¡Ay señor -empecemos lo más piadosamente posible- Ay Señor, Seños. Miren que cada año lo intento, no escribir sobre la Semana Santa y sus ocho mil procesiones. Me digo que no debo ser como aquel columnista que, con tanta gracia, nos relata cada primavera el Derby de Epson, o menos aún como aquel otro que, con cursilería, arremete cada mayo contra las corridas de toros, hasta el punto de que ya se guardan los artículos consabidos de ambos. En mi caso, además tras quejarme del Santo Abuso, recibo siempre una pila de cartas llenas de insultos feroces y nada cristianos (en la teoría, claro), a menudo firmadas por notarios, abogados y jueces coléricos que, curiosamente, recurren todos a la bajeza de recordarme la conocida religiosidad de mi señor padre, como si los vástagos hubiéramos de seguir las creencias de nuestros progenitores y no hacerlo nos convirtiera en hijos indignos. La destemplanza de esos corresponsales - la ira - a su vez me lleva a preocuparme mucho por la equidad y la salud mental de nuestra justicia, y acabo el trayecto más deprimido que al iniciarlo.
Pero no hay modo. Por firmes que sean mis propósitos de callar cada año, se produce algún encontronazo personal que me lo impide. Algún exceso o intolerancia y actitud ofensiva que inevitablemente me retrotrae al franquismo, cuando España no era aconfesional y la observancia de la Semana Santa era obligatoria para creyentes e incrédulos. Por sabido que esto parezca, ya no lo es tanto, sobre todo para los jovenes, a los que no está de más informar de que durante los días "santos" estaba prohibido oir música que no fuera religiosa o por lo menos "seria", ver películas no relacionadas con el cristianismo y hasta cantar y reirse (bailar no digamos), todo ello a la ciudadanía en pleno, tuviera fe o ausencia de ella.
Así que volvía yo al jueves católico precisamente de visitar a mi padre. El taxi
hubo de alejarme bastante lejos de mi destino, cortado al tráfico como estaba todo el centro.Caminé un buen rato en dirección a mi casa, hasta que me topé con filas prietas en la acera de una calle que yo debía cruzar por fuerza para alcanzar mi portal y ponerme a salvo. La procesión aún no había empezado, luego tampoco habría, como me sucedió hace dos años, de mezclarme con los Ku-kus-klanes, ni caminar junto a ellos momentáneamente. Con enoema dificultad y buenas maneras me fui abriendo paso, quería llegar a la calzada y atravesarla de tres zancadas, no habría entorpecido nada. Pero cuanto más me acercaba a esa calzada, mayor resistencia gratuita había por parte de los católicos firmes. "Me permite, por favor", repetía yo, "es que vivo al otro lado y he de cruzar la calle". Los malos modos los empezó una señora: "Yo no me muevo" dijo, "y además aquí delante hay una valla". Se trataba solo de encojerse un segundo para que yo pasara de perfil. "Si me permite alcanzarla", contesté, "ya me encargaré yo de la valla". "Pasará usted por encima de mí", me soltó ya muy borde, al menos no recurrió a la fórmula "por encima de mi cadáver". "Pruebe por otro sitio", añadió. Medio aplastado, fui probando, siempre la misma actitud antipática, incívica, intransigente. Hasta que, tras explicar por enésima vez: "Me permite, vivo al otro lado y ..." varios beatos y beatas me riñeron con encono:"Pues si vive ahí, a quién se le ocurre volver a esta hora".Y ahí ya no pude contenerme, aunque sí moderarme. "Miren, yo vuelvo a mi casa cuando puedo y cuando quiero", les respondí "Solo falta que me fijen ustedes el horario". Reconozco que me cabreé, estaba alucinado. Me acordé de Peter Ustinov de pronto, lamenté brevemente lo difícil que está conseguir leones. En seguida, con todo, aparté de mí estos pensamientos impíos, los sustituí por otros más racionales. "Esta gente" me dije, "no solo pretende que todos estemos al tanto de sus ritos y sepamos a qué hora y por dónde transcurren, sino que, una vez sabido,exigen que cambiemos nuestras costumbres por ello, o no salgamos de casa. Ellos toman las calles durante ocho largos días seguidos, lo cual ya es un abuso increíble que a ningún otro colectivo se le consentiría; las ocupan durante horas y horas (a paso de procesión, dice la lengua), nos obligan a contemplar a montones de siniestros encapuchados, a perturbados que se azotan la desnuda espalda o se hacen clavar alfileres en ella hasta que les brota la sangre (la iglesia condena el suicidido pero, muy coherente, alienta estos atentados contra uno mismo), nos atruenan los oídos con brutales tambores y trompeteos tenebrosos (en la famosa Calanda se tiran veintiseís horas dándole al bombo; veintiséis sin descando, oigan)...y aún pretenden que los demás nos rijamos según su desmesura y su abuso". Es todo muy preocupante. Y encima, mientras, en la prensa, los mismos columnistas que se han indignado por la retirada de la estatúa de Franco, se quejan de "cruzadas laicistas" contra la iglesia. Lo peor es comprobar lo bolonios que son al acuñar tan expresión, mezclando cosas imposibles. Precisamente los laicos no podemos hacer nunca "cruzadas", porque ni llevamos cruz ni a nadie damos con ella ni imponemos jamás nada. De hecho llevamos las manos vacías, es decir, vamos inermes.
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  #27  
Old 12-04-2005, 07:39
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Hola :)

No os había leído hasta esta mañana, por eso no he contestado antes. No estoy de acuerdo contigo, Astrid. Creo que se podría ser católico, un buen católico, y no ser fundamentalista. En este caso la posición intransigente del Papa respecto a no poder salvarse por otros medios, o mediante otras creencias, me lo está equiparando a los musulmanes radicales que piensan que no hay más Dios que Alá y que fuera de él todo es malo. El catolicismo, a mi entender, es una opción más para llegar a ese supuesto "más allá" donde todo será paz y armonía. Pero mirad, es que a mi hablar de religión me aburre soberanamente porque no me siento identificada con la Iglesia, ni con sus postulados. Pero, ¡ojo! ni con esta iglesia ni con ninguna.

Esta mañana, y perdonad la reflexión un poco irreverente (¿?) que haré y que quizá os moleste como creyentes, lo cual no está en mi ánimo, me decía a mí misma: pero ¿qué es eso que llamamos Dios? Es una idea. Es "nada". Y en nombre de esa "nada" se han declarado guerras y se sigue matando. A mi parecer es absurdo una Iglesia del siglo XXI con ideas que se crearon por gentes de hace dos mil años y que no van para nada con los tiempos que corren. La iglesia tendrá que evolucionar, y mucho más rápido de lo que lo está haciendo, si quiere mantener la clientela o que ésta no se le desmarque hacia iglesias más progresistas. Aunque lo que realmente me maravilla es que sigan proliferando las iglesias, pero ¿de qué me puedo maravillar? mientras haya "pobres" que lo necesiten y gentes avispadas que saben de esa necesidad... pues ya lo tenemos. En resumen, para unos, los "desfavorecidos", es un sostén espiritual; para otros, con excepciones, un puro negocio, el negocio de las almas. Después me decía: ¿y en qué crees tú? Buena pregunta... Pues yo creo en la mano tendida sin esperar nada a cambio (es difícil, pero las hay), creo en la Naturaleza y la defiendo a capa y espada, en el Universo con el que me siento una, en los animales, que considero mis iguales, sólo que con menos fortuna que yo, pero se tomarán su revancha, ya lo veréis, y creo en la parte "humana" de la Humanidad, y creo en mí, que a pesar de toda la nulidad que soy, de todos los errores que haya cometido y pueda seguir cometiendo, sé que puedo hacerlo mejor, mucho mejor, y en ello estoy. Pero no le rezo a ningún dios. Mis experiencias más extraordinarias, "místicas" por así decirlo, las he tenido sentada frente al mar, observando los juegos de los delfines o de los peces voladores; en lo alto de una montaña, en un bosque, viendo correr las nubes entre los picos y sintiendo cómo el viento alborotaba mi pelo; viendo el majestuoso planeo de las águilas o los buitres; devolviendo la sonrisa a un niño que me escucha y me mira, encandilado, mientras le relato un cuento... Quizá mi "Dios" es todo eso, después de todo, creer en toda esa belleza, y en toda esa maravilla.

Ya veis, creo saber lo que es bueno, lo que es justo, lo que hay que hacer respecto al prójimo y respecto a mí misma. A veces soy "buena" al pie de la letra, y otras una perfecta cabrona que en multitud de ocasiones se ha arrepentido de sus cabronadas y otras, las cosas como son, no, porque no ha considerado que mereciera la pena arrepentirse. Tengo perfectamente claro qué es el bien y qué es el mal. No le rezo a ningún dios. No lo necesito, a menos que invocar la grandiosidad de lo que me rodea sea una oración, porque entonces ciertamente estoy rezando siempre. Y me siento todo lo en paz que un ser humano pueda estar.

Bueno, es suficiente por hoy Y no, no considero que Millás escriba mal ni que su artículo sea superficial, es su manera de expresar lo que siente. A mi entender, unos lo hacen con más desenfado que otros. Este es el caso de Millás, creo.

Tened un buen día, Astrid, Color, Brizna

Leah

Ultima Edicion por Leah en 12-04-2005 a las 08:02.
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  #28  
Old 14-04-2005, 04:13
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¡Ufff! uff! uff! firmo esto que acabas de escribir ahora mismito Leah, es mi pensamiento claro. De acuerdo, de acuerdo de acuerdo absolutamente.
Un besazo!! No tengo más tiempo ...pero ya nos escribiremos...¿has recibido mi mail? NO te podré leer hasta la noche.
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  #29  
Old 15-04-2005, 18:53
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Cristianos
Ruth Toledano
Doy por hecho que cualquiera que esté leyendo estas humildes líneas se habrá enterado ya de que el papa Juan Pablo II ha muerto. Me tranquiliza, para que no perdamos el hilo. Si falta alguien por enterarse y estoy dándole una primicia, que ponga TVE, donde hallará la paz de conocer todos los detalles del óbito. Coincide la muerte del pontífice con la aprobación por la comisión de Justicia del Congreso del proyecto de ley que modifica el Código Civil para extender a la parejas homosexuales el derecho a contraer matrimonio. Puesto que no es canónico sino civil el matrimonio al que se refiere tal modificación, en nada estarían relacionadas ambas históricas noticias, de no ser por la obsesión con que, a lo largo de su mediático pontificado, Juan Pablo II ha insistido en la condena a estas uniones, y por el tiempo y la energía que ha destinado a pontificar sobre moral sexual. Un legado ideológico que no se retransmite a los telespectadores urbi et orbi tan profusamente como cada ángulo de la plaza de San Pedro, pero que conviene conocer. Hay que leer un poquito, y ni siquiera en formato libro, que parece que produce aversión (de averno, infierno: ya estamos topando), pues se puede hacer en otra pantalla, la del ordenador, si entramos, por ejemplo, en el portal de información transexual de la admirable activista Carla Antonelli (www.carlaantonelli.com).

No tendríamos tan en cuenta el legado ideológico de fobia a la diferencia sexual de Karol Wojtyla de no ser porque lo hereda el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, papable y, lo que es peor, firme candidato a ocupar el trono de la Iglesia. Incluso esta realidad tampoco habría de ser contemplada sino por los católicos adscritos a su línea de pensamiento, pero las abrumadoras y abusivas circunstancias mediáticas de la actualidad nos obligan a puntualizar: muy moderna la animación informática del cónclave que ofrece la televisión, pero veamos qué dicen los textos de los protagonistas. A saber, en su libro póstumo, Memoria e identidad: conversación entre milenios, Wojtyla considera que la lucha por la reivindicación de los derechos de la comunidad lésbica, gay, bisexual y de transgénero obedece a la influencia de la "ideología del mal" (el demonio). Por su parte, el candidato Ratzinger, que ya en 1986 había definido a gays y lesbianas como "alterados, auto-indulgentes e individualistas que amenazan la vida y el buen ser de un gran número de personas", publica las siguientes Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales en un documento de la citada congregación: "La inclinación homosexual es objetivamente desordenada y las prácticas homosexuales son pecados gravemente contrarios a la castidad"; "la legalización de las uniones homosexuales estaría destinada, por tanto, a causar el oscurecimiento de la percepción de algunos valores morales fundamentales"; "constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia". Y mucho más.

Todo esto está inscrito en la línea de recalcitrante regresión conservadora de un pontificado que abortó (con perdón) la esperanza progresista abierta por el Concilio Vaticano II. Y se contradice con el sentir de una gran parte de las bases de esa Iglesia "pueblo de Dios" tan alejada de las altas esferas de la institución, cuando no silenciada. Es el caso de la corriente Somos Iglesia (www.somosiglesia.net), que tiene una condena de la Conferencia Episcopal por reivindicar una Iglesia que recupere el espíritu de fraternidad, solidaridad y compasión que representó Jesús de Nazaret, una Iglesia comprometida con la liberación de los empobrecidos, los oprimidos y los excluidos del mundo, que luche por la justicia social, la paz, la libertad y la felicidad para todos los seres humanos y cumpla, como recuerda Javier García -portavoz de Asuntos Religiosos de la Federación Española de Lesbianas, Gays y Transexuales (FELGT)-, con lo que dijo Jesús en el capítulo 25 de San Marcos: "Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber...". Cosas, claro, de "extremistas" y "radicales", como tilda Esperanza Aguirre a Zapatero, presidente de un Gobierno que, con reformas como la del matrimonio gay, hará más justa (más cristiana) nuestra sociedad. Lo celebro.
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  #30  
Old 16-04-2005, 09:24
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El doctor cesado por la Comunidad de Madrid decidió no archivar los formularios tras haber sido rechazado su uso.


ELPAIS.es - Madrid







El doctor Luis Montes -apartado de su responsabilidad como jefe de Urgencias por la Comunidad de Madrid- propuso un documento de consentimiento de cada sedación que fue rechazado por el hospital, según iforma la cadena SER. Fue entonces, cuando Montes estableció un documento de consentimiento, que -al ser de propia iniciativa- no archivó con las historias clínicas.
El principal motivo por el que el doctor Luis Montes fue cesado como coordinador de Urgencias por el consejero de Sanidad, Manuel Lamela, fue porque los inspectores no encontraron los consentimientos informados de los familiares de los pacientes sedados. El consejero ha insistido con vehemencia en este tema (la última vez el pasado martes en el programa Las Cerezas, de TVE).

Según la SER, Montes fue uno de los dos únicos doctores de la comisión creada para elaborar un protocolo de sedación terminal que propuso establecer un documento de consentimiento informado. El documento fue rechazado, entre otros, por uno de los nuevos cargos directivos del hospital, nombrado tras la crisis, por el consejero Lamela.

El día 10 de diciembre de 2003 se reunió esa comisión; el doctor Montes y otro doctor presentaron sendos documentos de propuesta para establecer un consentimiento informado en el hospital que deberían firmar los familiares de los pacientes que van a ser sedados. En esa reunión se decide que no es necesario. La decisiñon es adoptada, entre otros, por el doctor Solís Villa, nombrado por el consejero de Sanidad como director médico tras la crisis.

Pese a todo, y porque se lo había recomendado tras la primera inspección el comité de ética de Getafe, Montes decide establecer un consentimiento informado para urgencias. Se trata de un documento que no archiva con las historias clínicas al haberse decidido que no era necesario.

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  #31  
Old 31-07-2005, 08:09
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JAVIER MARÍAS

EL PAIS SEMANAL - 31-07-2005










"Hay una progresiva resistencia a encajar los reveses"




El pasado 7 de julio, día de los atentados de Londres, me pidieron de un periódico neoyorquino, a través de mi agente literaria (yo estaba fuera de Madrid), que escribiera algo al respecto. Aunque tenía la intención de dedicar a otras tareas esa semana de alejamiento, accedí, dadas las circunstancias. Como en los Estados Unidos son seis horas menos que en Europa, y la pieza no iba a ser publicada hasta tres fechas más tarde, no había una urgencia enorme. Al cabo de diez minutos de mi aceptación, sin embargo, me volvió a llamar mi agente para preguntarme, de parte del diario en cuestión, si podía avanzarles el contenido de mi artículo. Tras un momentáneo arrebato de irritación y estupor (“Lo sabré cuando me ponga ante la máquina y lo escriba”, estuve tentado de contestar), zanjé el asunto anunciando que sería más o menos “elegiaco”. Y cuando estaba terminado el texto, aún recibí otra llamada interpuesta, inquiriendo cuándo podría enviarlo. En cierto sentido, los interesados en que escribiera algo me estaban impidiendo escribirlo con sus interrupciones, sus prisas y sus afanes por saber de antemano lo que ni yo mismo sabía.

No es sólo en América. Vengo observando este tipo de impaciencias irracionales desde hace tiempo, y en todas partes. No sé si se debe a la celeridad actual de las comunicaciones, que lleva a mucha gente a olvidar que las personas no podemos actuar con la misma inmediatez que los móviles, los e-mails y hasta los faxes. Pero cada vez es más frecuente que todo quiera saberse y tenerse antes de que se conozca o exista. Se piden opiniones que aún no han sido meditadas ni formadas, se pregunta por proyectos y planes aún no hechos, por el sexo de los bebés no nacidos y los embarazos no producidos, los libros no escritos y las películas no concebidas, menos aún rodadas y montadas. Se pretende ver imágenes de lo aún no fotografiado ni sucedido, conocer el contenido de lo que no es más que una idea vaga en la cabeza de un artista, la música no grabada ni interpretada ni casi tampoco compuesta. Se pregunta a J K Rowling por las vicisitudes de Harry Potter cuando ella todavía está escribiéndolas o probablemente decidiéndolas; se aspira a ver el King-Kong de Peter Jackson cuando éste aún lo está preparando; se interroga a Pérez-Reverte por la muerte de Alatriste cuando el autor tal vez ni siquiera ha resuelto si darle muerte o mantenerlo vivo.

Pero la cosa no termina aquí, sino que yo la veo unida a una creciente incapacidad, por parte de demasiadas personas, para aceptar los hechos cuando no son como ellas desean. Como si la negación de la realidad, o su incomprensión, fuera en aumento cuando la realidad nos contraría. Es como si se hubiera generalizado y hecho literal aquella antigua frase de las novelas y las películas: “No aceptaré un no por respuesta”. Durante la interminable agonía del anterior Papa (bueno, más interminables fueron sus exhibicionistas pompas fúnebres), en varias ocasiones vi la reacción de peregrinos de visita en el Vaticano en aquellas semanas. Una señora española, por ejemplo, decía a la cámara con gesto de perdonavidas: “Bueno, en fin, pues si está enfermo, qué se le va a hacer, lo comprendo. Pero la verdad, ya que he venido hasta aquí podía haberse asomado al balcón, aunque fuera un segundo”. Se notaba mucho que a esa señora le traía sin cuidado la salud del Papa, lo único que le importaba era poder contar a su regreso que lo había visto, y sin duda fotografiarlo con un buen zoom desde lejos. Tengo una conocida que, tras una complicada operación de rodilla, lleva tres meses sin poder apoyar el pie en el suelo; pero hasta sus mejores amigas parecen no comprender la situación ni aceptarla: la llaman para salir, y al explicarles ella por enésima vez su imposibilidad hasta para ir al cuarto de baño, se encuentra con que es como si no la escucharan. “Bueno, ya está bien, ¿no? Cómo no vas a poder salir después de tanto tiempo. Pero si es aquí al lado de tu casa, donde hemos quedado”. Hay una progresiva resistencia a encajar los reveses, por mínimos que sean, a admitir que las cosas se salgan de lo normal o fallen, a aceptar la fuerza mayor y las imposibilidades. Más de una vez, cuando no he podido atender tal o cual petición de una institución o una revista, me he encontrado no sólo con gestos y voces adustos ante mis disculpas, sino también con represalias más o menos encubiertas (por ejemplo, la revista “desairada” ha optado por no hablar de mis libros, de los que escribo o edito). Y, desde luego, a casi nadie se le ocurre pensar que a uno pueda no apetecerle o interesarle lo que se le propone. Estoy convencido de que no anda lejos el día en que, cuando se le solicite algo a alguien que acaba de morir –a través de su agente–, y ésta dé la noticia de la imposibilidad por fallecimiento, los interesados no lo entiendan del todo e insistan: “Ya, ¿pero no podría hacer una excepción con nosotros?”.



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  #32  
Old 01-08-2005, 18:27
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Dios como problema

Dios como problema


No tengo ninguna duda de que este artículo, empezando por el título, obrará el prodigio de poner de acuerdo, al menos por una vez, a los dos irreductibles hermanos enemigos que se llaman Islamismo y Cristianismo, sobre todo en la vertiente universal (es decir, católica) a la que el primero aspira y en la que el segundo, ilusoriamente, todavía sigue imaginándose. En la más benévola de las reacciones posibles, clamarán los biempensantes que se trata de una provocación inadmisible, de una indisculpable ofensa al sentimiento religioso de los creyentes de ambos partidos, y, en la reacción peor (suponiendo que no haya peor), me acusarán de impiedad, de sacrilegio, de blasfemia, de profanación, de desacato, de tantos cuantos delitos más, de calibre idéntico, sean capaces de descubrir, y, por tanto, quién sabe, merecedor de una punición que me sirviera de escarmiento para el resto de mi vida. Si yo mismo perteneciera al gremio cristiano, el catolicismo vaticano tendría que interrumpir durante un momento los espectáculos estilo Cecil B. de Mille en que ahora se complace, para darse el enojoso trabajo de excomulgarme, aunque, cumplida esa obligación burocrática, se quedaría de brazos caídos. Ya le escasean las fuerzas para proezas más atrevidas, puesto que los ríos de lágrimas llorados por sus víctimas empaparon, esperemos que para siempre, la leña de los arsenales tecnológicos de la primera inquisición. En cuanto al islamismo, en su moderna versión fundamentalista y violenta (tan violenta y fundamentalista como fue el cristianismo en los tiempos de su apogeo imperial), la consigna por excelencia, todos los días insanamente proclamada, es "muerte a los infieles", o en traducción libre, si no crees en Alá no eres más que una inmunda cucaracha que, pese a ser también una criatura nacida del Fiat divino, cualquier musulmán cultivador de los métodos expeditivos tendrá el sagrado derecho y el sacrosanto deber de aplastarla bajo la babucha con la que entrará en el paraíso de Mahoma para ser recibido en el voluptuoso seno de las huríes. Permítaseme, por tanto, que vuelva a decir que Dios, habiendo sido siempre un problema, es ahora el problema.

Como cualquier otra persona para quien la situación del mundo en que vive no le es del todo indiferente, vengo leyendo algo de lo que por ahí se escribe sobre los motivos de naturaleza política, económica, social, psicológica, estratégica, y hasta moral, en que se presume que han echado raíces los movimientos islamistas agresivos que están lanzando sobre el denominado mundo occidental (aunque no sólo en ése) la desorientación, el miedo, el más extremo terror. Fueron suficientes, aquí y allí, unas cuantas bombas de relativa baja potencia (recordemos que casi siempre fueron transportadas en mochilas hasta el lugar de los atentados) para que los cimientos de nuestra tan luminosa civilización se estremecieran y se abrieran brechas, a la vez que se tambaleaban aparatosamente las precarias estructuras de seguridad colectiva con tanto trabajo y gasto levantadas y mantenidas. Nuestros pies, que creímos fundidos en el más resistente de los aceros, eran, a la postre, de barro.

Es el choque de civilizaciones, se dice. Será, pero a mí no me lo parece. Los más de siete mil millones de habitantes de este planeta, todos ellos, viven en lo que sería más exacto llamar civilización del petróleo, y hasta tal punto, que ni siquiera están fuera de ella (viviendo, claro está, su falta) quienes se encuentran privados del precioso oro negro. Esta civilización del petróleo crea y satisface (de manera desigual, ya lo sabemos) múltiples necesidades que no sólo reúnen alrededor del mismo pozo a los griegos y troyanos de la cita clásica, sino también a los árabes y no árabes, a los cristianos y a los musulmanes, sin hablar de los que, no siendo ni una cosa ni otra, tienen, donde quiera que se encuentren, un automóvil que conducir, una excavadora que poner en marcha, un mechero que encender. Evidentemente, esto no significa que bajo esta civilización del petróleo que es común a todos no sean discernibles los rasgos (más que simples rasgos en ciertos casos) de civilizaciones y culturas antiguas que ahora se encuentran inmersas en un proceso tecnológico de occidentalización a marchas forzadas, y que, sólo con mucha dificultad, ha logrado penetrar en el meollo sustancial de las mentalidades personales y colectivas correspondientes. Por alguna razón se dice que el hábito no hace al monje...

Una alianza de las civilizaciones, en feliz hora propuesta por el presidente del Gobierno español y cuya idea ha sido recientemente retomada por el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, podrá representar, en el caso de que llegue a concretarse, un paso importante en el camino de una disminución de las tensiones mundiales de que cada vez parece que estamos más lejos, aunque sería insuficiente desde todos los puntos de vista si no incluyera, como ítem fundamental, un diálogo de religiones, ya que en este caso queda excluida cualquier remota posibilidad de una alianza... Como no hay motivos para temer que chinos, japoneses e indios, por ejemplo, estén preparando planes de conquista del mundo, difundiendo sus diversas creencias (confucionismo, budismo, taoísmo, sintoísmo, hinduismo) por vía pacífica o violenta, es más que obvio que cuando se habla de alianza de las civilizaciones se está pensando, especialmente, en cristianos y musulmanes, esos hermanos enemigos que vienen alternando, a lo largo de la historia, ora uno, ora otro, sus trágicos y por lo visto interminables papeles de verdugo y de víctima.

Por tanto, se quiera o no se quiera, Dios como problema, Dios como piedra en medio del camino, Dios como pretexto para el odio, Dios como agente de desunión. Pero de esta evidencia palmaria no se osa hablar en ninguno de los múltiples análisis de la cuestión, tanto si son de tipo político, económico, sociológico, psicológico o utilitariamente estratégico. Es como si una especie de temor reverencial o de resignación a lo "políticamente correcto y establecido" le impidiera al analista entender algo que está presente en las mallas de la red y las convierte en un entramado laberíntico del que no hemos tenido manera de salir, es decir, Dios. Si le dijera a un cristiano o a un musulmán que en el universo hay más de 400.000 millones de galaxias y que cada una de ellas contiene más de 400.000 millones de estrellas, y que Dios, sea Alá u otro, no podría haber hecho esto, mejor aún, no tendría ningún motivo para hacerlo, me responderían indignados que para Dios, sea Alá, sea otro, nada es imposible. Excepto, por lo visto, añadiría yo, establecer la paz entre el islam y el cristianismo, y de camino, conciliar a la más desgraciada de las especies animales que se dice que ha nacido de su voluntad (y a su semejanza), la especie humana, precisamente.

No hay amor ni justicia en el universo físico. Tampoco hay crueldad. Ningún poder preside los 400.000 millones de galaxias y los 400.000 millones de estrellas que existen en cada una. Nadie hace nacer el Sol cada día y la Luna cada noche, incluso cuando no es visible en el cielo. Puestos aquí sin saber por qué ni para qué, hemos tenido que inventarlo todo. También inventamos a Dios, pero Dios no salió de nuestras cabezas, permaneció dentro, como factor de vida algunas veces, como instrumento de muerte casi siempre. Podemos decir "aquí está el arado que inventamos", no podemos decir "aquí está el Dios que inventó el hombre que inventó el arado". A ese Dios no podemos arrancarlo de dentro de nuestras cabezas, ni siquiera los ateos pueden hacerlo. Pero por lo menos, discutámoslo. No adelanta nada decir que matar en nombre de Dios es hacer de Dios un asesino. Para los que matan en nombre de Dios, Dios no es sólo el juez que los absuelve, es el Padre poderoso que dentro de sus cabezas antes juntó la leña para el auto de fe y ahora prepara y coloca la bomba. Discutamos esa invención, resolvamos ese problema, reconozcamos al menos que existe. Antes de que nos volvamos todos locos. Aunque ¿quién sabe? Tal vez ésa sea la manera de que no sigamos matándonos los unos a los otros.
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  #33  
Old 14-11-2005, 05:16
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El Sindicato de Periodistas de Cataluña (SPC) aprobó ayer, durante la clausura de su quinto congreso, una resolución en la que condena "la mal entendida libertad de expresión de algunos radiofonistas de la Cope, entre los que se encuentra Federico Jiménez Losantos", director del magacín La mañana.

El SPC recuerda que "si bien tiene todo el derecho del mundo a difundir su opinión y a dar voz a sus oyentes, la libertad de expresión y de información tiene sus límites en el respeto a las personas, instituciones y comunidades".

Las críticas de la entidad a la cadena radiofónica gestionada por la Iglesia se unen a las que la semana pasada lanzaron varias órdenes religiosas reclamando al presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, que la Cope deje de ser "una auténtica incitación al odio".

Miquel Iceta, viceprimer secretario y portavoz del PSC, felicitó a "la inmensa mayoría de la Iglesia católica catalana", que ha discrepado de la "manipulación sistemática practicada por la Cope, emisora dependiente de la Conferencia Episcopal Española, dirigida en apariencia por Blázquez, pero controlada férreamente por los sectores ultraconservadores de los cuales los obispos Rouco y Cañizares son los máximos exponentes".

Estatuto del periodista

El congreso del SPC, que reeligió al argentino Dardo Gómez al frente de la presidencia, exigió a los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados la aprobación del Estatuto del Periodista Profesional -que actualmente se tramita en la Comisión Constitucional- de modo que sea un instrumento eficaz para garantizar el derecho a la información.

A través de un comunicado difundido ayer, dicho sindicato sostuvo que el derecho a la información de los ciudadanos sólo se podrá garantizar si se asegura a los periodistas su independencia ante las presiones que puedan sufrir.

El consejero de Trabajo e Industria de la Generalitat, Josep Maria Rañé, que presidió el acto de clausura, reconoció en su intervención las graves deficiencias existentes en el ámbito laboral dentro las empresas de comunicación y se comprometió a promover acciones para combatirlos
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  #34  
Old 18-11-2005, 15:23
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La carta

Juan JOsé MIlás

Querido Dios: espero que al recibo de ésta te encuentres bien. Nosotros, mal, como siempre, ahora por un asunto que quizá te interese y que no es fácil resumir en dos palabras. Resulta que una parte de tus fieles pretende que el Estado financie los gastos inherentes a una asignatura de religión. Como son gente muy belicosa, se les dijo en su día que de acuerdo, que las escuelas ofrecerían obligatoriamente esta materia, aunque sería voluntaria para los alumnos. En principio, parecía una solución equitativa, justa, porque ninguna parte imponía su voluntad a la otra. Pero ahora se han descolgado con que a los que no estudien Religión se les penalice de algún modo, para evitar deserciones. No conciben otra forma de difundir tu existencia que a través del BOE, en forma de decreto.

Qué raro que al cabo de los tiempos Dios vuelva a ser lo de siempre: un decreto, un proyecto de ley, una ordenanza impuesta a gritos desde un púlpito radiofónico en el que todos los días se crucifica a alguien en cumplimiento, una vez más, de aquella regla según la cual el crucificado se convertirá en crucificador. Los obispos, que no habían salido nunca a la calle, se han manifestado ya dos veces en lo que va de año, una para exigir a los homosexuales que abracen el celibato, y otra para convertirte en un precepto. ¿Es razonable que individuos que no se movilizan por nada, estando el mundo hecho un cristo (con perdón), se comporten así?

Y muchos piensan que mejor no quejarse porque ahora sólo gritan. Hace poco mataban. De hecho, todavía circulan por ahí versiones de ti en las que apareces como un sanguinario que disfruta viendo inmolarse a los suyos mientras siembran restaurantes, plazas o mercados de cadáveres. ¿Pero cómo va a querer Dios eso?, les preguntas y ellos te aseguran que sí, que eso es lo que quiere Dios, eso y la asignatura de Religión obligatoria. Estas letras, querido Dios, son para pedirte que les envíes una señal de que las cosas no son así (como dice el refrán, cada uno en su casa y Dios en la de todos). Pero no quiero despedirme sin trasladarte un par de preguntas de mi hijo: ¿Por qué has puesto el sexo tan cerca del culo y por qué hay obispos castrenses? Muchas gracias.
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  #35  
Old 21-11-2005, 05:03
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Hay cosas que no cambian...

con el paso de los años... En estas últimas manifestaciones de la derecha, con la Iglesia a la cabeza, no podía sustraerme a la imagen de aquellas viejas reuniones-concentraciones-procesiones de autobombo y tocacojones franquistas donde iban todos tan uniditos en los mismos intereses, uña y carne... Y es que como dice la canción, para algunos 30 años no es nada, y hay cosas que cuesta -¡y cómo cuesta!- desarraigar.

Esta mañana he oído que cierto jerarca de la Iglesia dice que es necesario que vuelva la derecha al Gobierno, para bien de la sociedad española. Que hipócritas son, los jodíos Yo diría más bien, para beneficio de ellos, la Iglesia -para los otros, la derecha, también, por supuesto- que ve peligrar los privilegios que esa derecha le otorga.

Buen día, Color

Leah
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  #36  
Old 21-11-2005, 05:45
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¡Siempre de la mano Leah! Así es. LO que yo veo es que usan la ignorancia,, el miedo, la amenaza...sus argumentos son de la España más negra...esa España profunda que creíamos superada por el tiempo...¿Dónde están sus propios preceptos? NO levantaras falsos testimonios ni mentirás, no matarás...¿dónde están?
Otro buen día para tí!
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  #37  
Old 27-11-2005, 01:28
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Discriminación educativa

Editorial del País de hoy

La plataforma que se opone a la Ley de Ordenación de la Educación ha roto la negociación que acababa de iniciar con el Gobierno. Los hechos son elocuentes: la plataforma excluyó de las conversaciones al sindicato más representativo del sector concertado, y, de rebote, a la principal organización de centros religiosos, apartando así a quienes habían demostrado mayor capacidad de interlocución con el Ejecutivo. A estas alturas parece claro que su principal objetivo no es negociar cambios en el contenido de la ley, sino servir a la estrategia del PP en su intento de aglutinar un movimiento ideológico neoconservador liderado por el sector más intransigente de la Iglesia católica.

La exigencia de que la religión sea evaluable y computable es la parte más visible, pero no la más importante del modelo educativo que propugna. Con el argumento central de que debe garantizarse la libertad de los padres para elegir, pretende que el Estado proporcione a los centros concertados el coste de la enseñanza básica, pero quiere que los padres puedan aportar una cuota adicional para complementarla; pretenden también que los centros puedan ampliar las plazas financiadas con fondos públicos en función de la demanda, pero no quieren que la Administración intervenga en la admisión fijando criterios de preferencia o estableciendo medidas que garanticen un reparto equitativo de los alumnos con necesidades especiales, como los hijos de inmigrantes. Finalmente, pretende que el centro pueda exigir, como requisito de admisión, la adhesión del alumno al ideario educativo. Todo ello en aras de la libertad. Pero ¿qué libertad es posible sin igualdad?

De llevar estas propuestas a sus últimas consecuencias, los centros concertados, al cobrar cuotas adicionales, tendrían más recursos que los públicos para mejorar su oferta educativa, lo que atraería a muchos escolares de clases medias. Conforme aumentara la demanda, podrían ampliar las plazas y, por tanto, los recursos económicos, en detrimento del sector público, que aparecería como una oferta de menor calidad. El sector concertado tendría garantizada la homogeneidad social del alumnado, y también la ideológica, por la obligación de aceptar el ideario educativo, y se consolidaría un sistema clasista, con un grave riesgo


de que se formaran guetos escolares.

Y eso ocurriría muy rápidamente, porque ¿cuánto tardarían los padres de los alumnos de centros públicos en cambiarles de colegio si percibieran que en él tienen menos oportunidades? El PP argumenta que la Ley de Ordenación rompe España porque no garantiza un tronco suficiente de enseñanzas comunes en todo el país. Lo que rompe una nación es tener un sistema educativo discriminatorio y pretender además que los fondos públicos sirvan para financiar la exclusión social.
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